sábado, 5 de noviembre de 2011

La mirada de un pueblo

Los 40 años de dolor, sufrimiento y cerca de 1.000 muertos -niños incluidos- no se olvidan de un día para otro tras anunciar ETA el "cese de su actividad armada". Porque estos indeseables, para empezar, ni han pedido perdón a las víctimas, ni han entregado las armas y no han disuelto su banda de asesinos sin escrúpulos, algunos a sueldo, que han pretendido durante décadas instaurar en el País Vasco su visión de un paranoico marxismo-leninismo que murió tras la caída del Muro de Berlín y cuyos únicos zombis deambulan ahora por China, Corea del Norte, Irán o Cuba.
  El anuncio de ETA no es un cheque en blanco para los terroristas, familiares y simpatizantes. Al menos, no lo debe ser, aunque se tenga esa percepción a la vista de lo crecidos que andan desde hace un mes. Para empezar, en breve tendremos que soportar la imagen de varios escaños del Congreso de los Diputados ocupados por los de Amaiur, la nueva franquicia de los que miraban para otro lado y silbaban cuando explotaba un coche bomba o una bala de 9 mm parabellum entraba en el cuerpo de un demócrata.
  Adoración Zubeldia nos ha recordado esta semana que hay otro tipo de miradas. Adoración es la viuda del concejal de UPN José Javier Múgica, asesinado por ETA el último día de los Sanfermines de 2001 en su pueblo de Leiza mediante una bomba lapa. Ocurrió en el sangriento verano de 2001 que protagonizó ETA en su enésimo pulso a la sociedad española.
  La viuda del edil, así lo ha contado esta semana en el juicio que se sigue contra los etarras acusados de asesinar a su marido, vio desde el balcón de su casa cómo su marido salía de la furgoneta tras la explosión envuelto en llamas. Lo ha contado a cara descubierta, a un metro escaso de distancia del etarra Txapote y el comando que asesinó al concejal. Tras su declaración (Pulsar aquí para ver el vídeo), Adoración pidió permiso al funcionario judicial: "¿Puedo mirar a estos chicos?". Y lo hizo. Se giró y miró a la cara a los todavía presuntos asesinos de su esposo. Una mirada que es la mirada de todo un pueblo que ha soportado estoicamente durante más de 40 años un terrorismo brutal, inhumano y cobarde. Los etarras, demostrando una vez más su conocida valentía, echaron la cabeza al suelo de la sala de la Audiencia Nacional.
  Las fuerzas y cuerpos de Seguridad de Estado, el Estado de Derecho, las instituciones y el pueblo español -el orden de los factores no altera el producto- han derrotado a ETA. Ha costado, la factura ha sido enorme, pero el logro es nuestro porque nosotros hemos puesto todos los muertos. Y no sólo eso, sino que en 40 años de chantaje nunca ha habido revancha por parte de los demócratas, un caso insólito en un país occidental golpeado y machacado insistentemente por un grupo terrorista. Millones de españoles desean ahora escuchar la palabra perdón en boca de los que nos han traído tanto sufrimiento, exigen la entrega de las armas y reclaman la disolución de la banda. Cualquier otra hoja de ruta -indultos a presos etarras, reducciones de condenas...- sería como sacar un billete a la democracia española para disfrutar de un crucero a bordo del Titanic.

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