lunes, 21 de noviembre de 2011

La noria de las vanidades

Hoy hay premio para la cadena que conmemore, aunque sólo sea durante unos segundos, el Día Internacional de la Televisión. No me pregunte la razón, pero los canales pasarán olímpicamente de celebrar o recordar este lunes una jornada que instauró la ONU hace 15 años. El invento del desconocido escocés Baird, con la ignorada santa Clara como patrona oficial, festeja en la clandestinidad su Día Internacional con los espectadores españoles disparando su consumo diario, en niveles de récord histórico, por obra y desgracia de la crisis económica.
  Las audiencias de las cadenas guardan siempre un curioso dato relacionado con elecciones como las de ayer. Si se fija, cualquier Real Madrid-Barça retransmitido por televisión arroja una cuota de pantalla –sobre el 70%- casi idéntica a la del porcentaje de participación cosechado en unas elecciones generales, autonómicas o municipales. Es como si populares y socialistas se vistieran con las camisetas blancas o azulgranas y los aficionados de cada equipo –los votantes- decidieran la victoria marcando goles con las papeletas y no con el balón. El porcentaje de abstenciones viene a coincidir en cada convocatoria electoral, sistemáticamente, con el de la población que ignora en televisión un partido del siglo entre merengues y culés.
  Donde no están las cosas como para festejar el Día de la TV es en el parque de atracciones de la programación de Telecinco, donde su noria dirigida por Jordi González anda atascada y en serio peligro de cierre por la entrevista remunerada a la madre del Cuco. No me gusta La noria, por eso el sábado por la noche no entro en su juego. Dicho lo cual, tampoco comparto que sean los anunciantes quienes decidan la continuidad o no de un programa tachado de ser el baluarte de la telebasura nacional. En la retirada de los spots de La noria existe mucho fariseísmo de unas marcas acreditadas que se quitan de en medio para no verse señaladas en la plaza pública. Prefiero mil veces que sea la democracia de los espectadores, a través de los índices de audiencia, la que decida finiquitar este o aquel programa polémico. Y, de momento, dos millones de españoles siguen corriendo el riesgo de subirse a La noria sabiendo de antemano qué clase de espectáculo van a presenciar. Posiblemente estamos ante dos millones que optan por consumir marcas blancas en el supermercado, aunque esto no lo pueda asumir la cuenta de resultados de Telecinco y mucho menos su departamento comercial.  
   PD. Sigo sin entender que TVE, donde la publicidad está vetada por ley, ofreciera una larga gala musical en prime time dedicada a la Once y su cupón extraordinario. Las casas de apuestas por Internet, a la vista del dato espectacular de audiencia logrado, quizá ya hayan pedido la vez en Prado del Rey.    

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