sábado, 3 de diciembre de 2011

Epílogo y prólogo

El indulto al banquero Alfredo Sáenz, una semana atrás, no fue sino el pistoletazo de salida de la carrera de los 100 metros ilusos de un Gobierno que cierra tras ocho años la era Zapatero. Luego vino lo de la comisión de expertos recomendando trasladar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Simultáneamente nos enteramos de que la DGT saca a debate la idea de cobrar a los conductores por usar las autovías en función de los kilómetros que recorran anualmente. Como guinda, y de momento, el penúltimo consejo de ministros dejó encima de la mesa la ley Sinde por causas desconocidas y a pesar de contar en teoría con el respaldo del PP.
  Uno tiene la sensación de que un ejecutivo paralizado desde hace meses se ha metido en una carrera alocada cuya fotofinish saltará justo antes del sorteo de la Lotería de Navidad. Por tanto, quedan por delante dos largas semanas para que en los estertores de la segunda legislatura de Zapatero sus ministros en funciones saquen de la chistera ideas geniales, planes quinquenales, debates absurdos, polémicas artificiales y estériles o anuncios imposibles.
   La legislatura que despedimos será la de la crisis para todos los libros de Historia de España que se editen de ahora en adelante. Y eso que la palabra crisis fue tabú para el Gobierno: ciclo bajo, dificultades, frenazo económico... todos los eufemismos eran válidos con tal de no mentar la bicha. Hasta que en julio de 2008 Zapatero habló de "crisis" en una entrevista televisiva y dio el titular de la jornada. Luego, la vicepresidenta Elena Salgado, se atrevió a hablar de "brotes verdes" que desembarcarían en breve sobre la economía española. Lo dijo en mayo de 2009, cuando el paro contabiliza 3,6 millones de españoles sin trabajo y una tasa del 18%. O lo que es lo mismo, un millón menos de españoles desempleados que en este mes, donde la misma tasa ha crecido más de tres puntos. Entonces, el PSOE sacó incluso un vídeo sobre los brotes verdes durante la campaña de las elecciones europeas.
  Ahora, sin embargo, no es tiempo de mirar atrás, buscar consuelo o pensar que tiempos pasados siempre fueron mejores. Las hemerotecas no levantan un país. Ahora, más que nunca, hay que echar mano de la frase que Theodore Sorensen esculpió para que el presidente Kennedy se luciera en un discurso hace medio siglo: "No pienses en lo que tu país puede hacer por ti, sino en lo que tú puedes hacer por tu país". De ésta saldremos porque somos 47 millones de personas candidatas a tirar del carro.

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