lunes, 12 de diciembre de 2011

Yerno horribilis

“Hoy, sin embargo, tengo que preveniros de un peligro: con la facilidad de los medios de comunicación, el poder de las ondas, el cine y la televisión se han dilatado las ventanas de nuestra fortaleza. El libertinaje de las ondas y de la letra impresa vuela por los espacios y los aires de fuera penetran por nuestras ventanas, viciando la pureza de nuestro ambiente”. No, no se trata de un argumento de los anunciantes que se retiran de La noria. Lo dijo Franco en su mensaje de Fin de año en 1955, apenas 10 meses antes de que naciera TVE y sus alocuciones fueran televisadas coincidiendo con el último día del almanaque, no en Nochebuena como marca ahora la tradición democrática con el rey.
   Por muchas razones, el próximo mensaje televisado del monarca está levantado más expectación de la habitual a menos de dos semanas vista. Para empezar, por motivos obvios del año que dejaremos atrás. Un 2011 en el que la crisis económica se ha agravado aún más si cabe en España, con cinco millones de parados ya oficiales y un millón y medio de hogares con todos sus miembros sin trabajo. Un año tan negro en lo económico que ha dejado incluso en un segundo plano el anuncio del fin de ETA tras cuatro décadas de terrorismo. El discurso del rey Juan Carlos guarda algún paralelismo con la película del mismo nombre ganadora de los Oscar de este año y protagonizada por Colin Firth encarnando a Jorge VI. Si el monarca británico tuvo que hacer frente a las penurias de su pueblo por la II Guerra Mundial a través de las ondas de la BBC, el español abordará la muy delicada situación económica de un país que seguirá con atención su mensaje. Y eso que su audiencia ha bajado en 2 millones de espectadores en los últimos diez años para marcar en 2010 su mínimo histórico: poco más de siete millones de espectadores, dos millones y 22 puntos de share menos que en 2000. Don Juan Carlos, ya lo ve, es solidario y se apunta a la fragmentación que asola al medio.
   El cambio de Gobierno en la víspera de la intervención televisiva del monarca provocará que su texto pase, indefectiblemente, por las manos del ejecutivo saliente. Una situación que nunca hasta ahora había sucedido: el mensaje elaborado durante un mandato socialista será difundido con un gabinete de populares en el poder. Habrá también interés, por supuesto, por conocer si aborda de refilón sus lógicos achaques de salud o los quebraderos de cabeza que han llevado a la Casa Real los negocios del duque de Palma. Como en la película El discurso del rey, el rey no vacilará. Delo por hecho. Y, en todo caso, siempre mucho mejor yerno horribilis que annus horribilis.

No hay comentarios: