viernes, 30 de septiembre de 2011

50 años asomados a la ventana

En el arranque del desarrollismo la televisión, que pronto iba a llegar, apareció por fin en los hogares andaluces. Cuando despuntaba la década de los 60 los previsores que podían adquirir entonces un televisor (unas 14.000 pesetas, unos 3.000 euros  de ahora por la evolución del IPC), llegaron a captar imágenes de Portugal, Alemania, Italia o Marruecos, pero hasta que no estuvo lista la famosa antena del pueblo sevillano de Guadalcanal, aquella que se hacía presente en las sobreimpresiones de interrupción de señal, TVE no se pudo captar con nitidez al sur de Sierra Morena. La antena de nuestras interferencias se bajó del monte Hamapega (902 metros) en 2009, con el apagón analógico. Su remate se luce en un jardín de Guadalcanal, con la distinción por los servicios prestados al entretenimiento, y a alguna irritación, de millones de andaluces.
   El 1 de octubre de 1961, en el 25º aniversario de la proclamación de Franco como jefe del bando sublevado (o exaltación a la Jefatura de Estado), se inauguraba la antena que en principio se pensaba destacar en el granadino Veleta. Con su correspondiente bendición, el 1 de octubre estaba lista la retransmisión para Andalucía, vía Navalvilla de Mella (Badajoz), aunque quedaron muchas comarcas en sombra, a la espera de concluir la red de repetidores locales. A Málaga la televisión no llegó hasta enero del 62, con un enlace en Ronda. Almería fue la última provincia en sumarse.
   La TVE de entonces sólo tenía un canal, con dos horas en la sobremesa, con su Telediario y con Mariano Medina como hombre del tiempo; interrupción a media tarde y unas cinco horas posteriores, donde sobresalía Herta Frankel y el caballo Furia en la programación infantil y los misterios de Dimensión desconocida a la hora de la cena, junto a los contenidos teatrales y de zarzuela que se ofrecían en directo, ya que en TVE aún no habían adquirido su primer vídeo. Todo era en directo, como el desnudo de Paco Gento en el vestuario celebrando la Copa del Generalísimo de 1961, para pasmo de los censores, que tenían acceso a las escaletas y a todos los recovecos de piel. Los toros y el fútbol, a cuentagotas, eran el gran gancho para los compradores de los primeros aparatos andaluces. El Gobierno trazó una red de teleclubes, que apenas pasó de carácter experimental y sólo se instalaron en Almería, Jaén, Montilla y Puerto Real. La incipiente clase media estaba dispuesta, como siempre, a afrontar todos los sacrificios y la venta de televisores creció rápidamente junto a un lento descenso en el precio. Había que pagar un canon pero, en nuestra similitud griega, se cobraba tarde y se pagaba peor. En 1965 lo anuló Franco para que la tele fuera gratis. Gratis para el control de los políticos.
   La antena de Guadalcanal, un alambre que era una ventana al mundo y una puerta al desarrollo, supuso una inversión de 40 millones de pesetas, unos 6 millones de euros si se afrontara algo así a día de hoy. En lo alto del Hamapega llegaban a trabajar cuatro personas, al filo del aburrimiento, encargadas de velar por la recepción y, en contadas ocasiones, por el envío de señales desde Andalucía hacia Madrid.
   Desde hace 50 años los andaluces ven la televisión. Después de los aragoneses son los más voraces teleadictos, con 4 horas diarias. Y todo empezó por Guadalcanal.

//Texto: Francisco Andrés Gallardo/Ignacio Gago// En la imagen, la antena de Guadalcanal, fuera de servicio desde 2009, ya como simple elemento decorativo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Manifestantes invisibles y mudos

No lo ponga en duda: antes le tocará el bote del Euromillón que ver en España una huelga de periodistas, ya se dediquen a prensa, radio, televisión, internet o gabinetes de prensa. La 10, de Vocento, echa la persiana y se suma a la lista de canales que pierde la batalla del mando frente a la crisis económica,  la fragmentación, el desplome de la inversión publicitaria y, también, un plan de negocio, si no serio, al menos con algo de solvencia.
   Las turbulencias televisivas no amainan en un terreno abonado para sorpresas en una temporada que no ha hecho más que comenzar. La boda de Antena3 con La Sexta, un matrimonio de conveniencia y de penalty entre la cadena de Planeta y la de Mediapro, llegará más pronto que tarde, a imagen y semejanza de la forzada pareja de baile Telecinco-Cuatro. Ya se sabe que lo que une el dios dinero en tiempos de vacas flacas no lo puede separar ni el hombre. Aunque la fusión se vista de seda, absorción se queda, y pondrá en liza a un duro competidor en el campo de juego televisivo frente a las huestes de Mediaset-Telecinco y una TVE que sigue a lo suyo, más pendiente del cambio que le aguarda si hay nuevo inquilino en Moncloa tras el 20-N.
  Antena 3 acaba de dar un golpe de efecto que le puede traer grandes réditos de imagen y audiencia. El cierre de Dónde estás corazón supone cortar el grifo de la crónica del corazón en el estandarte audiovisual de Planeta y dejar a Telecinco sola en el cuadrilátero de la mal llamada telebasura. Antena 3, todo así lo hace indicar, busca un nuevo sitio y una nueva identidad de la que ha carecido durante los últimos años. Lo necesita y lo merece, porque actualmente se mueve en una cuota de pantalla prácticamente idéntica a la que lograba hace ahora dos décadas, en 1991, cuando llevaba apenas un año en el mando.
 El esperado enlace Antena 3-La Sexta coincidirá con la fin de la era Zapatero, un presidente que firmó prácticamente de testigo y ejerció de padrino en el bautizo televisivo de la cadena verde. El canal resultante, si la cosa no termina antes como la relación discográfica de Pimpinela, supondrá también una disminución de la pluralidad informativa, ese término difuso que siempre salta a escena cuando el gobierno de turno concede licencias a empresas amigas. También traerá consigo –apueste sobre seguro- un adelgazamiento de plantillas con el sobado argumento de las sinergias y otras zarandajas empresariales.
   La nueva y breve era de la TDT deja ya demasiados cadáveres en el cementerio televisivo y, según los expertos al fondo sigue habiendo sitio libre. Aunque nadie del sector proteste, ningún periodista despedido se manifieste y los medios pasen de puntillas.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Periodismo, a pesar de todo

"Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad". Nunca he sabido recordar dónde lo leí, pero se me quedó grabado y es la mejor definición de periodista que he encontrado, aunque la Academia de la Lengua no la incluya jamás en su diccionario. El aterrizaje de internet ha sido un arma de doble filo para el periodismo al poner la información al alcance de todos, especialmente al dejar que millones de internautas ejerzan como periodistas sui géneris. Esto revolucionaria y democrática novedad ha sido, precisamente, el principal lastre de la red, al colar como información mercancia directamente averiada, contaminada y artificial, más próxima al agitprop que al periodismo libre.
   Victoria Prego me contó hace años: "Si esperas que alguien te felicite por tu trabajo de periodista, aún estás a tiempo de buscar otra profesión". Hoy me he topado gracias a internet con un ejemplo del  periodismo en estado puro, de ese que está en peligro como el lince de Doñana o como un intelectual en nómina de Telecinco. Un periodismo sin la presión de la empresa editora o  de cualquier otro lobby. Se llama La buena prensa y es un blog de un profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra llamado Miguel Ángel Jimeno. Si hace años un recién licenciado era mirado con malos ojos en una redacción si no fumaba, ahora el rara avis es el plumilla que lee al menos un periódico diario, ya sea impreso o digital. Suena a chiste pero es tan real como la próxima boda de la duquesa de Alba.
  Jimeno es de los adictos a salir del quiosco con varios ejemplares bajo el brazo y mancharse de tinta las yemas de los dedos. Su trabajo consiste en airear las informaciones de los periódicos que destacan por una factura brillante, ya sean de El País, El Mundo o El Eco de Villatortas.O sea, sin saberlo, Jimeno es ya un tipo sospechoso para los que juegan a periodistas y para los empresarios del sector que miran o persiguen sólo el beneficio y la cuenta de resultados, no un contenido de calidad medianamente incontestable.
  Esta semana un excelente redactor, de un excelente medio de comunicación, llamó a un gabinete de prensa solicitando la versión oficial sobre una polémica que abría telediarios, noticiarios de radio, webs.... Al responderle con un documento jugoso y escandaloso que chocaba con la línea editorial de su empresa sobre esa controversia, prefirió cambiar de tercio y colgar el teléfono. Por supuesto, no dedicó ni medio segundo a contar a su audiencia la existencia de dicho documento, tal como sí hicieron otros muchos de la competencia, empresarial e ideológica. Con el agravante de tratarse de un medio que hace y lleva muy a gala su independencia, objetividad y defensa intachable de la verdad
   El periodismo en España no está en peligro, ni mucho menos. Existen grandes medios y brillantes periodistas. El problema, seguramente, radica en las empresas, ya sean públicas o privadas, más pendientes a día de hoy de la cuenta de resultados o  de la publicidad que de contar lo que pasa con un mínimo de objetividad y criterio.
PD. Si quieres congraciarte de nuevo con el Periodismo de verdad, te invito a conocer a Miguel Ángel Jimeno y La buena prensa pulsando aquí.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Aniversario clandestino

Varias generaciones de españoles corrieron por los pasillos de sus hogares rumbo al salón al escuchar de fondo la sintonía de su anuncio de publicidad favorito de televisión. Eran tiempos de la una, grande y no precisamente libre TVE-1 y el semiclandestino UHF. Ahora, la generación de Internet sigue la tradición y corre, pero con destino al baño, a la cocina para lavar los platos o camino de las escaleras para bajar la basura, cuando arranca el enésimo bloque de spots de su programa predilecto. Cuenta una leyenda urbana –todavía sin confirmar- que un notario de postín y poderío se sacó la oposición estudiando, única y exclusivamente, durante los intervalos de publicidad que ofreció en prime time una de las punteras cadenas privadas a lo largo de una escueta semana.  Ahora ese aspirante a notaría lo tendría un poco más difícil, ya que la crisis ha provocado que se rebaje al fin la saturación de anuncios en las principales cadenas –TVE al margen-, especialmente en Telecinco.
   Hubo un tiempo lejano en el que la audiencia, entonces llamada telespectadores, seguía los comerciales sin levantarse siquiera del sofá, como si fuera una oferta más de la parrilla.  Era cuando la televisión acababa de entrar en casa para desplazar a la radio. Este próximo 1 de octubre –entonces denominado día del Caudillo- se cumplirán 50 años del inicio de las emisiones de TVE en Andalucía. Al principio la señal llegaba únicamente a Sevilla gracias a la antena instalada en la localidad de Guadalcanal. Un aniversario que, salvo error u omisión, pasará prácticamente desapercibido. Ya se sabe que en nuestro país la tele, de momento, carece de memoria. Seguro que recuerda aquel mensaje que aparecía indefectiblemente durante años en su receptor de blanco y negro cuando, cada dos por tres, desaparecía la señal de TVE en el momento más inoportuno: “Repetidor de Guadalcanal. Perdonen la interrupción. Permanezcan atentos a la pantalla”.
   50 años después aún quedan en España y Andalucía núcleos montañosos aislados donde no llega la señal de televisión. ¿Un paraíso de privilegiados? Más bien todo lo contrario. Los habitantes de estos pueblos se consideran, con razón, ciudadanos de segunda. Con tal de lograr sumarse a la aldea global estarían dispuestos –pongo el mando a distancia en el fuego- a consumir sin rechistar los insufribles y eternos bloques de publicidad. Incluso tomar buena nota de los spots de supositorios Rovi, todo un clásico que acompaña a la televisión española desde sus primeros balbuceos en un chalecito del madrileño Paseo de la Habana allá por 1956. Cuenta una leyenda, esta sí confirmada, que un actor extranjero de primera fila acudió a aquella pobre TVE y, tras la entrevista y recorrer las instalaciones, espetó a sus anfitriones: “Enhorabuena por ser capaces de hacer televisión desde una caja de zapatos”.
PD. En la imagen, trabajos de la ínstalación de la antena en la localidad sevillana de Guadalcanal en el verano de 1961

domingo, 18 de septiembre de 2011

Ridículo televisivo en directo

Rafa Nadal ha tumbado por la via rápida en 3 sets al francés Tsonga en las semifinales de la Davis y España se mete en la final de la copa de los mosqueteros. Ocurría  unos pocos minutos antes de las 14.30 de esta misma tarde desde la pista ubicada en la plaza de toros de Córdoba. TVE, a través de Teledeporte, ha retransmitido el partido en riguroso directo.
   En otro canal de TVE, el 24 horas, arrancaba a las 14.30 su informativo habitual. ¿Abrieron con la gesta de Nadal, verdad...? No, que va. Lo llevaron a titulares, contando que el mallorquín iba ganado en esos momentos 2 sets a 0 y poniendo en pantalla imágenes del partido, con la palabra 'Directo' en la esquina superior izquierda de la pantalla. ¿A quién estaban engañando? ¿Quién es el responsable de este metedura de pata, de este estropicio que da verüenza ajena? De momento, se desconoce, pero alguien en TVE anda hoy atocinado y con la berza encima. Con estos mimbres, a nadie sorprende que cada vez más personas pasen de la tele y sigan los acontecimientos deportivos en directo a través de páginas web. Y que otros teman la cobertura de TVE en la cercana campaña electoral para las generales.
   Lo dicho, de vergüenza propia y ajena. Si hasta ahora la máxima periodística del horror era esa de "no dejes que la realidad te estropee una buena historia", en el canal 24 horas la han modificado para cincelar en letras de molde de aprobio: "No dejes que una última hora te estropee una escaleta de contenidos ya cerrada".

viernes, 16 de septiembre de 2011

Millonarios pobres de ideas

No me pregunte porqué pero los multimillonarios españoles no tienen buena prensa y no caen bien al españolito medio de barra de bar y atasco mañanero rumbo al trabajo. Curioso, porque, sin embargo, nos suelen caer bien sus colegas estadounidenses o de otras potencias mundiales por lejanas que queden. Pero los nuestros, no. Quizá porque se lo hayan ganado a pulso. A los hechos me remito.
  Hay veces que ni la mejor y más costosa campaña de promoción o de imagen arreglan lo inarreglable. Sin embargo, un simple gesto, una sencilla y humilde declaración en el momento justo que, además, sale completamente gratis, puede redundar en beneficio de su protagonista y colocarlo como ejemplo a seguir para el común de los mortales. Warren Buffet es un tío rico, pero que muy rico, de los Estados Unidos. El tal Buffet sorprendió este verano al reclamar que la administración Obama impusiera un nuevo impuesto a los multimillonarios como él. De la noche a la mañana, su petición cruzó el país de océano a océano y saltó el charco gracias a la aldea global y el hambre de noticias positivas que llevarnos a la boca en tiempos de crisis. A los pocos días, en Francia, el empresario de éxito Maurice Lévy, reclamó lo mismo para los muchimillonarios gabachos y el Gobierno Sarkozy le tomó la palabra de inmediato y con efectos retroactivos.
  Y, luego, el caso español. Aquí no ha cundido el ejemplo ni se le espera. Hace unos días los empresarios de éxito, con muchos ceros en sus cuentas bancarias, descartaron y retiraron de la orden del día de una de sus reuniones entrar siquiera a tratar el tema. Seguirán ganando dinero a espuertas pero perdieron una oportunidad de oro -nunca mejor dicho- de presentarse ante un país de casi 5 millones de parados como benefactores en tiempos de crisis, demostrando que ante delicada situación arriman el hombro aunque sea aportando un granito de arena de sus inmensas fortunas.
  Para cerrar el sainete, hoy el Gobierno sacará los cuartos a unos millonarios low-cost de clase media al reinstaurar el impuesto sobre el Patrimonio. Los del Libro Guinness de los Récords, que esta semana presentan su edición de 2012, aguardarán al 20-N -si gana Rajoy- para incluir  un anexo que refleje como marca mundial  al impuesto que menos tiempo estuvo en vigor.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Desmemoriados

La Dirección General de Tráfico no se ha planteado, al menos que se sepa, que Farruquito protagonice su próxima campaña de seguridad vial. Aceitunas La Española ha descartado, igualmente, usar la imagen de Arnaldo Otegui para vender sus productos. Hay personajes de la vida pública que guardan penitencia por sus errores, una metedura de pata de tonelaje o por el conjunto de sus actuaciones, caso del destacado independentista vasco. Ana Rosa Quintana lo desconoce. La presentadora ha pontificado y sentenciado que “no hay telebasura, hay televisión que la gente ve y otra televisión que la gente no ve”. La reina de las mañanas de Telecinco tiene más razón que santa Clara, patrona oficial y desconocida de la tele, pero no es de recibo que lo diga quien condujo, hace sólo unos meses, el esperpento de la deleznable entrevista a la mujer del pederasta Santiago del Valle y quien, años atrás, soportó la vergüenza del  plagio por su novela Sabor a hiel sobre la violencia de género.
  Willy Toledo le ha tomado el relevo. El actor ha bramado en su próximo libro acusando a Emilio Aragón de “explotador” como mandamás de Globomedia. Quizá Toledo tenga razón, pero es de cobardes y miserables la rajada cuando esa productora y ese jefe fueron quienes le pusieron en órbita profesional gracias a su papel en la sitcom Siete vidas. Seguro que a Toledo no se le pasó por la cabeza crítica alguna a Milikito mientras desembarcaban en su cuenta corriente los abultados cheques firmados por el ahora capo de La Sexta.
  Desgraciadamente, el caso de Toledo no es el único y son legión los famosos surgidos gracias a la televisión que la ponen de vuelta y media cuando ya su vida profesional ha cogido velocidad de crucero y enfocado hacia el cine. La mayoría de los realizadores, actores y actrices del séptimo arte tuvo a la televisión como rampa de lanzamiento, tanto para lustrar el currículum como para pagar facturas de caprichos. Que se lo refresquen a Penélope Cruz, Paz Vega, Elsa Pataky o el propio Willy Toledo.
   A todos ellos es bueno recordarles que todavía es posible que una ardilla cruce las televisiones españolas, desde Algeciras hasta los Pirineos, posándose en programas de calidad de la oferta de las cadenas de su mando a distancia. Quizá cueste algo más que hace unos años, por aquello de que los canales se han multiplicado y hay que dedicarle algo más de tiempo a la búsqueda. Inténtelo.
Pd: TVE-1 ha arrancado el curso recuperando el liderazgo en audiencia y mojando la oreja a Telecinco en lo que llevamos de septiembre, el primer mes de la temporada televisiva. Y con un presidente con contrato mensual al frente nada menos que del trasatlántico de RTVE. Para que luego se quejen los interinos, oiga.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Enterradores en paro

Sin anestesia: la televisión en España goza de una salud de hierro pese a la crisis, la fragmentación de las audiencias, Intereconomía, el negro futuro de las autonómicas, los videntes y teletiendas o las Belenes Esteban y clones subidas en La noria gritando Sálvame. Si es de los que cuando tira del mando exclama un casino “esta noche no ponen nada que merezca la pena”, recuerde las veces que hojeó la cartelera de cine en el periódico y no encontró una película que le llevara a la sala más próxima con efectos retroactivos. Eso sí, con la diferencia de que la tele es gratis total –públicas al margen- y en el cine le clavan en la entrada, el coca-cola y las palomitas. Además, en el pago por visión recuerde el sablazo de hace una década por ver un partido de campanillas y los saldos que existen en la actualidad para comprar toda la temporada liguera los choques del Madrid o el Barça. Eso sí que son rebajas, oiga. Por no hablar de las rebajas para abonarse a las ofertas de pago en comparación con pretéritos oligopolios de Canal Plus, Canal Satélite y Vía digital.
   Todo español tiene dentro un seleccionador nacional de fútbol y un programador de televisión en potencia que cree conocer al dedillo qué reformas habría que adoptar para fulminar la telebasura, lograr informativos alejados del gobierno, cuidar el horario infantil, finiquitar los bloques publicitarios de largo recorrido, eliminar a los videntes y echadores de cartas y, ya puestos, saber el nombre del idóneo presidente de RTVE, el relevo ideal de Vasile al frente de Telecinco y qué cantante nos representaría en Eurovisión con éxito para ganar de una vez el certamen.
  En Vitoria acaba de bajar el telón el FesTVal, el Festival de TV y Radio que en apenas tres años ha alcanzado con brillantez su mayoría de edad. La capital vasca se erige como la capital televisiva del país coincidiendo con el inicio de la temporada y, salvando las distancias, se convierte en lo más parecido a los envidiados festivales internacionales de TV con sede en Cannes. Incluso sus premios de la crítica levantan pocas críticas por dar casi siempre en el clavo, no como unos TP desprestigiados a marchas forzadas y otros similares que no levantan cabeza.
  No haga demasiado caso a los enterradores y agoreros sobre la televisión. El mes pasado, sin ir más lejos, los españoles dedicamos 193 minutos de media a la pequeña pantalla, lo que supone el mayor récord de consumo de la historia en agosto. Y eso que un sesudo estudio publicado por investigadores australianos afirma que cada hora que un adulto está viendo la televisión reduce su esperanza de vida en 22 minutos. O sea, que nos hemos convertido ya, y sin saberlo, en inmortales.  

domingo, 4 de septiembre de 2011

Trabajadores de tercera

Son tiempos de recortes y ajustes presupuestarios en el sector público y en el privado. Cuatro años de crisis económica obligan a ello, guste o disguste. Con 4 millones largos de parados, un millón de familias con todos sus miembros en paro y con las previsiones de los datos de desempleo para septiembre y octubre nada halagüeñas, hay que buscar o inventar otro agujero para apretarse el cinturón. Lo contrario supone  tener menos futuro que Carmen de Mairena en el casting de Miss Mundo o unas oposiciones de La Veneno a la Real Academia de la Lengua. Es el sistema capitalista que nos ha tocado vivir. Ese que fue definido por un alumno de un colegio cubano castrista como "un vertedero lleno de coches, dinero, especulación, corrupción, lujo y adicción al consumo". Un escolar que, además, preguntado por el comunismo y la revolucion de Fidel sentenció que era "el mismo e idéntico vertedero maloliente, pero vacío y sin libertad".
  En esta crisis que nos ha tocado soportar hay un profesión que sigue sin alzar la voz. Nunca en la historia de la democracia moderna se ha registrado -nunca- una huelga de periodistas, posiblemente los que padecen, con abrumadora diferencia, la mayor precariedad laboral, los sueldos más bajos y los horarios más extensos del mercado laboral español. Unos curritos de tercera división que desconocen, casi al 100%, qué es eso de cobrar una hora extra o trabajar por debajo de las 40 horas semanales. Son los periodistas que informan de las huelgas de controladores aéreos, pilotos o profesores que no quieren perder ni uno sólo de sus privilegios.
  No es algo nuevo. Que va. En el lejano 1951, el genial Billy Wilder dirigió El gran carnaval, una película protagonizada por un Kirk Douglas que encarnaba a un periodista sensacionalista despedido de un periódico de postín y que intenta, desesperadamente, buscarse un hueco en un pequeño diario de Nuevo México: "Señor Burn -le espeta Douglas a su futurible director-, soy un periodista de 250 dólares semanales. Se me puede contratar por 50. Conozco los períódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45 dólares semanales". En España, los sindicatos prefieren hundirse en el Titanic antes de subir y apretujarse en un bote salvavidas. Y así nos va.