miércoles, 18 de enero de 2012

Buscando 40.000 millones desesperadamente

La batalla de las Navas de Tolosa no tiene un buen jefe de prensa. La Pepa, sí. A los periodistas, no me pregunte la razón, nos gustan y apasionan las efemérides y aniversarios. Por ejemplo, ayer el entierro de Fraga en su localidad natal coincidió con los 46 años exactos transcurridos del accidente de las bombas de Palomares, esas que forzaron el célebre baño en Meyba del entonces ministro de Información y Turismo.
   En este 2012 gana por goleada el bicentenario de la Constitución liberal de Cádiz frente a los 800 años cumplidos por las Navas de Tolosa, y eso que ambos hitos ocurridos en tierras andaluzas vienen a ocupar una extensión similar en los libros de la Historia de España. También en este enero se cumple otro aniversario, aunque este ha pasado prácticamente desapercibido, quizá por aquello de que el número 3 no es redondo para una efeméride que se precie. En estas fechas de 2009 el Gobierno de Zapatero aprobaba el ambicioso Plan E con el objetivo de reactivar la economía y crear alrededor de 500.000 empleos.
  Aquel proyecto gubernamental será apenas y a lo sumo una nota a pie de página de nuestra historia democrática reciente. Si lo recuerda, de La Coruña a Algeciras y de Punta Umbría a Gerona, el país se llenó de los carteles propagandísticos que anunciaban las obras menores del Plan E. España fue una zanja rodeada de obreros: aceras que se levantaban, socavones que se cubrían, asfalto que tapaba caminos de tierra... y demasiados proyectos estrambóticos de alcaldes pendientes de las urnas, incluida alguna que otra rotonda, la infraestructura municipal por excelencia en el cambio de siglo.
  La factura del Plan E, entre pitos y flautas, supuso un gasto de 55.000 millones de euros a cargo de los presupuestos generales del Estado, es decir, dinero suyo y mio salido del IVA, el IRPF, el impuesto de las gasolinas, las tasas aeroportuarias o la que grava los cartones de bingo, la botella de whisky DYC o el paquete de Ducados que dejó de comprar meses atrás, atendiendo a la salud de sus pulmones y a la de su cuenta corriente. Repetimos la cifra por si no ha prestado atención: 55.000 millones de euros. ¿Puestos de trabajo creados...? En 2009 íbamos por 4 millones de parados y la EPA del próximo día 27 nos colocará a tiro de piedra de los 5,5 millones de españoles sin empleo.
  En enero de 2012, tres años después del Plan E, el nuevo Gobierno anda buscando la fórmula para arreglar las cuentas de un déficit público que alcanza los 40.000 millones de euros. No hace falta optar al Premio Nobel de Matemáticas -el de Economía debería declararse desierto, por aquello de que nadie supo avisar de la que se avecinaba- para hacer la cuenta de la vieja y constatar que aquellos 50.000 millones del infausto Plan E nos vendrían ahora de miedo para tapar la hemorragia de unas cuentas públicas que viven instaladas en la UCI. Aquellas zanjas, quizá, nos han traido ahora estos lodos. El país necesita unos jefes que nos digan la verdad, por dura y traumática que sea, no un capitán del Costa Concordia que intente ocultar la realidad, mienta y abandone la nave a las primeras de cambio. También una tripulación que arrime el hombro, aunque esté conformada por varias nacionalidades que hablen distintas lenguas. España tiene una vía de agua pero ésta no llega de momento al cuello, aunque notamos ya su humedad por los tobillos. Estamos a tiempo de evitar el naufragio.

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