miércoles, 22 de febrero de 2012

Sindicatos extraterrestres

Cuando las cadenas privadas vinieron pidiendo la retirada de la publicidad de las públicas guardé silencio, porque a mí no me gustan los anuncios y menos aún su saturación. Cuando reclamaron que dejaran de comprar y emitir derechos deportivos no dije nada, porque yo no soy muy dado a ver partidos de fútbol, carreras de motos o de Fórmula 1. Cuando solicitaron abruptamente eliminar el cine de estreno de Hollywood no protesté, porque a mí lo que me pirra es el cine albanés de autor y las películas cataríes. Cuando propusieron poner coto a los contratos de las productoras de ficción no moví un músculo, porque soy de Estudio 1 y poco más. Cuando finalmente plantearon cerrar RTVE no había quien pudiera protestar, porque ya casi nadie seguía la programación residual y de escaso interés de la cadena pública.
   La versión televisiva modificada del célebre discurso del pastor alemán Martin Niemöller, perseguido y reprimido por los nazis, viene como mando distancia al dedo para resumir el acoso que las cadenas privadas andan azuzando contra RTVE y autonómicas aprovechándose de la delicadísima situación de las arcas públicas por la crisis y, también, ante el evidente vacío de poder que arrastra la cadena de Prado de Rey desde el verano pasado. El sector privado, crecido ante las pérdidas insostenibles de las televisiones públicas, mete la zarpa para lograr vaciarlas de los contenidos más apetecibles. Si tras años y años suplicando por el fin de la publicidad en TVE este objetivo se consiguió, ahora las próximas presas son el cine americano, los derechos de retransmisiones deportivas o las ficciones con más tirón. Luego vendrán los concursos, los telefilmes, la gala de los Goya, las corridas de toros… para dejar a TVE y los canales de la Forta como parientes pobres de la PBS norteamericana, cuya calidad televisiva anda en la orilla contraria a la de su raquítica audiencia. Por pedir, no le extrañe que soliciten eliminar los telediarios con cualquier excusa peregrina. Todo es posible si anda detrás Uteca, el poderoso e influyente lobby de las privadas cuyas siglas más parecen querer decir Unión de Televisiones Enfrentadas a la Competencia Audiovisual.
   Sin embargo, el mayor peligro que se cierne sobre todas –absolutamente todas- las cadenas públicas viene por la sinrazón de unos sindicatos extraterrestres. Ahí tienen a los de Canal Sur, mandando la emisión a negro esta semana porque la contratación de 35 opositores que lograron su plaza ha provocado la baja –que no el despido- de otros tantos interinos. Y tan panchos. O sea, que los representantes de los trabajadores protestan ante un caso de estabilidad laboral y consolidación de la plantilla. Vaya, vaya. Con estos sindicatos y sindicalistas en casa, Uteca ya casi está de más para dar la puntilla a las televisiones públicas. Al tiempo.

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