viernes, 24 de febrero de 2012

Sinvergüenzas a todo ritmo

No ganaremos Eurovisión desde 1969 pero si alguien se anima en la UE y organiza un Festival de Sinvergüenzas venceremos por goleada. Por candidatos para representar a España que no quede. Hoy, para abrir boca, disponemos de dos figuras que presentan sus credenciales: la ex directora de la Caja del Mediterráneo -CAM-, María Dolores Amorós -en la fotografía-, y el ex director de la SGAE, Teddy Bautista. Pista para los artistas.
  La Amorós, recordémoslo, dio con su gestión la puya de la CAM, entidad que fue intervenida por el Banco de España ante su delicadísima situación financiera y el pufo de sus cuentas. El banco emisor detectó gravísimas irregularidades en la gestión de la entidad, entre ellas la supuesta falsedad de esas cuentas y el hecho de que la Dolores aprobara beneficiarse de una pensión vitalicia de 369.000 euros anuales. Por supuesto, el acuerdo de la pensión se lo guisó a lo Juan Palomo y a espaldas de la dirección de la CAM. Hoy ha tenido jucio por su despido fulminante en julio pasado. No crea que la tunante se ha arrepentido de algo. Nada de nada, hombre. Pide 10 millones de euros de indemnización por su despido, otra cantidad sin determinar pero similar por los servicios prestados, y ya puestos, su readmisión en la entidad o en su caso otra indemnización en función de su anterior salario. Espere, que la comedia bufa continúa: sus abogados han contado que durante el despido de la gachí se vulneraron sus derechos fundamentales, entre ellos el honor, la propia imagen y su dignidad profesional y personal. Por poco sus abogados no han reclamado para la Dolores la cesta navidad que le habría correspondido en diciembre pasado.
  El otro sujeto digno de la feria de los despropósitos patrios es el ex director de la SGAE. El pieza ha aparecido también hoy en los papeles porque en los juzgados se dirime su despido de la entidad ocurrido, como en el caso de Amorós, allá por los calores de julio. Teddy Bautista, haga memoria, fue detenido en el marco de una operación sobre un presunto desvio millonario de fondos de la SGAE, quizá las siglas más odiadas del país tras las del SEPLA y USCA de controladores aéreos. En un país con una nueva reforma laboral que ajusta los días por despido, el Bautista se descuelga exigiendo 1,8 millones de euros por haber renunciado al cargo. Sus antiguos compañeros de la SGAE le ofrecen sólo 675.000 euros para zanjar la disputa.
  Este sábado declara en Palma de Mallorca uno de los presuntos beneficiarios de los tejemanejes de Bautista al frente de la Sociedad de Autores. Visto lo visto, no le extrañe si pide al juez una indemnización sin ánimo de lucro.

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