lunes, 26 de marzo de 2012

Sala de espera

RTVE ha ahorrado al erario público, a la chita callando, casi 200.000 euros de los 200 millones que el Gobierno reclama rebajar de un presupuesto anual de 1.200 kilos. Menos da una piedra pero el recorte, y a eso hay que darle valor, ni ha sido doloroso ni ha obligado a cerrar canales como Clan o Teledeporte, las series Águila roja y Cuéntame además de finiquitar el concurso Saber y ganar. Y no se ha tratado de una partida económica secreta u opaca para el consejo de administración de la Corporación. Además, este ahorro -lejos de ir a menos- aumenta progresivamente cada mes que pasa del calendario. El misterio tiene su explicación, por supuesto, y recae en la nómina del presidente de RTVE, un desembolso que no se efectúa desde que Alberto Oliart se bajó sin avisar del sillón del Pirulí allá por julio de 2011. Nueve meses después, nueve nóminas menos satisfechas, a razón de 20.000 euros la unidad. Así pues, aunque sea quizá lo único, algo bueno tiene este sudoku de seguir con las quinielas a la espera del nombre del nuevo y máximo inquilino de la casa de Torrespaña y el adosado de Prado del Rey. 180.000 euros es todo un capital en una cadena que renuncia al público en plató para ahorrar 8 míseros euros por jornada laboral de aplaudidor.
   Una vez dado carpetazo anoche a las andaluzas, el relevo consensuado entre PP y PSOE para elegir al presidente de la radiotelevisión pública por antonomasia anda al caer. El panorama que se encontrará no será para salir corriendo, aunque los días de vino y rosas ni están ni se les esperan y tiene por delante un maratón de asuntos pendientes. Para empezar en un asunto recurrente de sus 55 años de historia como es el de poner orden a sus cuentas y financiación. RTVE vive una de sus cíclicas crisis que llega en un momento delicado: un mes en el que La 1 será destronada, salvo error u omisión, como líder de audiencia a manos de la parrilla de fast-foodvisión que engendra con inteligencia Telecinco. Al menos, los informativos continúan como líderes y los de referencia, y eso a pesar de que su manida independencia ha padecido últimamente –como buena parte del resto del país- un recorte a la baja considerable. Televisión Española –también RNE- necesita alguien que busque el talento que todavía queda en la casa y deje de mirarse en el espejo roto de la BBC. Allí su presidente, que renunciará después de las Olimpiadas, cobra 800.000 eurazos al año tras bajarse la soldada un 20%. RTVE no merece una interinidad e indefinición que perdura 9 meses. El parto del Congreso ha de ser inmediato para dar a luz al presidente que calme la tormenta que asola a la mejor televisión.


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