viernes, 20 de abril de 2012

Cafés que carga el diablo

Desde el "café para todos" con el que arrancó el proceso autonómico en España, la bebida estimulante por excelencia ha sido la causante de charcos políticos y polémicas -con permiso de la Casa Real- elefantiásicas. La más recordada, sin duda, se produjo en marzo de 2007 y en directo ante millones de espectadores que seguían el programa de TVE-1 Tengo una pregunta para usted con el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como protagonista. "¿Cuánto vale un café en la calle? ¿Sabe usted contestarme", le espetó a quemarropa un ciudadano anónimo hasta entonces. Zapatero respondió que su precio era de "80 céntimos, aproximadamente". Las carcajadas se escucharon inmediatamente en el plató, en los salones de toda España conectados al programa y al día siguiente fue el tema de conversación preferido en las barras de los bares mientras millones de españoles desayunaban con un cafelito en la mano.
  En apenas una semana el café ha vuelto a los titulares de la prensa y a generar controversia. El secretario de Estado de Admninistraciones Públicas -aunque luego rectificó- se despachó días atrás contando que los funcionarios deben "olvidarse del cafelito y de leer el periódico". Ayer mismo, el consejero de Sanidad de Castilla la Mancha explicó que el copago farmacéutico sólo supondrá "cuatro cafés al mes" para los pensionistas. Hoy ya ha salido para pedir disculpas.
   Visto lo visto, quizá a partir de este preciso momento deba incluirse al café dentro de lo políticamente incorrecto a la hora de hacer declaraciones públicas y así evitar polémicas estériles pero que tienen su predicamento, muy especialmente, en el mercado persa de las redes sociales, donde  millones de internautas prefieren mirar al dedo que señala la luna en vez de dirigir sus ojos al satélite de la tierra.

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