lunes, 4 de junio de 2012

Sueldos al rojo vivo

Estamos tan mal, con la prima de riesgo a punto de subirse al Seat 600 en el que se ha quedado el chasis de un país que iba de Ferrari por la vida, que nos alegramos y sacamos pecho por el décimo puesto en Eurovisión. Menos mal que Portugal, con sus 12 puntos de rigor, siempre anda al quite para darnos un empujón en la clasificación final. Sólo Remedios Amaya, la del cero points, sigue echando pestes de nuestros vecinos y Eurovisión por la afrenta a su barca hace casi tres décadas. No 30, sino casi un año después -el primer aniversario está fijado para el 6 de julio- RTVE sigue sin presidente, aunque se barrunta que el nombramiento anda al caer. Ya es mala suerte que un país con 5 millones de parados tarde tanto tiempo en dar con el candidato idóneo para tomar el mando de la radiotelevisión pública, a cambio de un sueldo de 100.000 euros anuales. Dicho lo cual, nunca he entendido la razón por la que los máximos responsables de RTVE y las cadenas de la Forta –incluso Onda Jerez TV hasta hace bien poco- cobran mucho más que el presidente del Gobierno, sus ministros o la mayoría de los presidentes de ejecutivos autonómicos. Que el subordinado cobre más que el jefe no cuadra y huele mal éticamente. Porque, que se sepa, el monosabio de la cuadrilla de José Tomás no recibe un cheque más alto que el maestro de Galapagar. En la televisión pública de nuestro país esta incongruencia no sólo es anormal sino lo más habitual, ya vivamos en vacas gordas o desnutridas.
   El año V de la crisis económica echa en falta que, algún día, alguien de TVE se anime a programar en prime time un programa informativo sobre la delicada situación del país con expertos que lo cuenten y expliquen en cristiano para que lo entienda casi todo el mundo. Esta función televisiva sí que la dan de lunes a viernes en La Sexta con Al rojo vivo, espacio que parece disfrutar ejerciendo el papel de pájaro de mal agüero sobre la política del Gobierno Rajoy. El excelente conductor del programa, Antonio García Ferreras, da juego a tertulianos de todas las opiniones, aunque falla la parcialidad manifiesta tanto del presentador como de los reportajes que acompañan al debate. Aún así, da gusto contar con esta oferta en el mando a distancia y comprobar cómo unos 400.000 espectadores piensan lo mismo cada día.
   En esto de la información independiente, plural, imparcial y objetiva en televisión ande con pies de plomo porque existen demasiados intereses en juego y muchos que venden gato por liebre. Ahora mismo, a pesar de sus excesos de infoentretenimiento en las escaletas, los telediarios de las privadas ganan en independencia a los de TVE. Desgraciadamente.

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