lunes, 17 de septiembre de 2012

Así sí son las cosas

Ser periodista es muy malo si te gusta la profesión y el buen periodismo ya que crea adicción. Y síndrome de abstinencia. Este oficio no decaerá ni correrá peligro de extinción como el lince, por muchos ERE que se presenten y bajos sueldos que se paguen, mientras haya espejos donde mirarse como el de The newsroom –La redacción-, serie estadounidense estrenada esta semana por Canal Plus y cuyos primeros 10 episodios se emiten los martes por la noche. El genial productor y guionista Aaron Sorkin es el padre de esta criatura sobre los entresijos del informativo nocturno de un canal de televisión por cable donde su presentador estrella, un republicano moderado llamado Will McAvoy, decide aparcar lo políticamente correcto a la hora de desgranar la actualidad a su audiencia.
   The newsroom, un producto de la HBO, es televisión y ficción real en estado puro parida por el responsable de esa joya llamada El ala oeste de la Casa Blanca. Salvando las distancias, es un calco de la mítica Lou Grant de los años 70 pero cuyas historias ocurren cerca de un plató en vez de una rotativa. Aquí también hay una dueña como la señora Pynchon –papel que encarna la actriz Jane Fonda- y un Lou Grant de la vieja escuela que ejerce de director de Informativos y que mamó el periodismo puro junto a los grandes presentadores de telediarios norteamericanos de los años 60. Pero, sobre todo –y aquí está su verdadero efecto imán para la audiencia- The newsroom trae consigo una permanente reflexión sobre el papel del periodismo y los periodistas. Un debate que desemboca en los verdaderos valores que deberían prevalecer en la profesión, todos alejados del poder político o empresarial de turno a la hora de contar las noticias del día. Una lucha diaria donde se juega con la honestidad, la ética o la veracidad.
   En la nueva obra maestra de Sorkin hay periodismo de verdad, periodismo televisivo, redes sociales y blogs, pero también historias humanas de los integrantes de una redacción, donde sobresale la ex pareja sentimental del presentador Will McAvoy, que aterriza allí como su editora. Y, también como atractiva novedad, se ofrecen en su escaleta asuntos reales de impacto, como la muerte de Bin Laden.
   Y estos diálogos de la serie como declaración de intenciones: “¿Por qué no se puede decir que una noticia es mentira cuando sabes que es mentira?”. “Si te fijas en las noticias de hoy en día, se busca el entretenimiento más que la información y eso no tiene que ser bueno”. “Este estudio es como un juzgado, Will es el abogado de ambas partes, entrevista a los testigos y cuenta los hechos”. De visión obligatoria para los que creen que la televisión y el periodismo de calidad peligran o se extinguen.

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