miércoles, 31 de octubre de 2012

Rafaé, qué grande eres

Los hay que cuando un dedo señala a la luna miran al dedo. Aunque también hay otros que se quedan mirando la uña del dedo. Entre esos se encuentra Rafael Rodríguez, de profesión secretario provincial de CCOO en Córdoba. El gran líder sindical, seguramente, ha sentido envidia -mucha- este verano presenciando cómo Sánchez Gordillo, compañero del cereal que no del metal, atraía como moscas los focos ante su desvarío de asalto a supermercados. Y, claro, Rafaé ha aguardado su minuto de gloria.
  Al calor de las críticas vertidas por los indocumentados que han clamado contra Amancio Ortega por donar 20 millones de euros a Cáritas, nuestro Rafaé ha visto el cielo abierto y ha arremetido contra la ONG equiparándola con la mafia -si, sí, con la mafia- por su labor en favor de los más necesitados de Córdoba. Y créame que estos necesitados en la capital andaluza son legión, ya sean católicos, apostólicos romanos, béticos, de Curro Romero o seguidores del dadaísmo. A Rafaé no le gusta nada que Cáritas diocesana monte un economato y que quienes quieran beneficiarse de los alimentos a precio de saldo tengan que pasar por la parroquia. Cáritas -entre usted y yo- planeó que tuvieran que presentarse para estas ayudas en una casa de citas o un bingo pero terminó descartando ambas opciones, no se sabe aún bien porqué.
   Algo falla en un país donde los sindicatos tan democráticos como CGT y CNT la toman este miércoles con una tienda de Zara en Barcelona, para destrozarla y de paso, ya puestos, robar ropa. La crisis económica y la delicada situación que atraviesa España ha servido para, entre otras muchas cosas, constatar que los sindicatos no se han enterado aún del cambio de siglo. Y que, quizá, las actitudes y tics mafiosos anden en otras aceras que enarbolan también símbolos y banderas de otro siglo ya superado.
 A todo esto, Rafaé, eres mi candidato al título honorífico de Bocazas del año por méritos propios. Si no hay tongo ni tejemanejes mafiosos, cuenta con ello, la distinción es tuya por derecho. Y si el premio no existe, se crea. Faltaría más.

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