lunes, 12 de noviembre de 2012

Vamos a publicidad


Si les preguntaran, nueve de cada diez dentistas, arquitectos, ingenieros, jubilados, agricultores, parados… señalarían a la publicidad como el mal menor de la televisión española. Y diez de diez elegirían como enemigo número 1 del medio a esos bloques interminables de anuncios que dan, no ya para ir al baño o sacar la basura, sino para preparar las oposiciones a notaría, escalar y bajar del Everest y llegar a tiempo para volver a casa, guardar la ropa de verano en el armario, planchar la colada y –ahora sí- seguir el programa favorito que habían interrumpido. Pues aunque le cueste creerlo, unos expertos en la materia afirman que por culpa de la crisis –de quién si no- ha bajado un 12% este año la inserción publicitaria en las cadenas de nuestro país en relación con 2011. Todos los clásicos canales generalistas emiten unos 200 minutos de spots diariamente, aunque es Telecinco la única que supera por los pelos esa barrera. A estas alturas de la película –corte para la emisión de spots incluidos- nadie se lleva las manos a la cabeza por el hecho de que los jefes de las cadenas privadas hayan contado tiempo atrás que ellos hacen televisión para vender publicidad. Nada de informar, formar y entretener u otras zarandajas que quedan de maravilla en un desayuno informativo o un curso de verano. Hacer caja como el dueño de un casino o el tendero de la esquina, oiga.
   Noble declaración de principios a la que se afanan con especial esmero. Ahí tienen si no a los encargados de colocar los pases de publicidad de La Sexta, a los que habría que regalar un buen cronómetro. Porque no se explica que se hayan aficionado últimamente a programar eternos bloques de spots, meter 10 segundillos de programa y volver a calzar otra ración de anuncios. Sí, ha leído bien y no existe errata: surtido de spots, 10 segundos o menos de programa y vuelta a la publicidad. Y no es un hecho aislado sino que cada vez ocurre más para horror de la audiencia, que se lo toma ya con dosis de cachondeo.
   Con este panorama, no dude de que en estas navidades la emisión que más podrá seguir en las cadenas será la de un desfile de spots que venden colonias y perfumes. Anuncios que apestarán por su reiteración y a los que llegará a odiar. Como la de esos spots con famosos que dan grima por su falsa naturalidad: el de Messi para Bimbo o Calderón para Kinder. Y políticamente incorrectos, como el de Rastreator con un joven dando un cachete en el trasero a una bella damisela. Están tardando ya en salir los guardianes de la moral audiovisual para mandarlo a la hoguera navideña. Que vuelva el calvo de la Lotería, por favor.

No hay comentarios: