lunes, 17 de diciembre de 2012

Basura sin exclusividad

   Quizá la explicación radique en el hecho de que uno sea de Letras, pero no entiendo a esos medios de comunicación –especialmente la llamada prensa de referencia- que rajan continuamente de la telebasura pero que, sin cortarse un pelo, ejercen de altavoces en sus páginas web para contar a millones de internautas cualquier pamplina relacionada con la Esteban o Kiko Rivera. Incomprensible este doble rasero. Por hache o por uve doble, todos los intentos de los grandes periódicos nacionales por tener una tele propia han pinchado en hueso. Las criaturas de Sogecable han creado agujeros económicos superlativos, El Mundo TV pasó con más pena que gloria por el mando y experiencia desastrosa para La 10 y Onda 6. Está visto y comprobado que elaborar un periódico de calidad y éxito no es garantía para repetir triunfo audiovisual. Ya está bien que la prensa que crea opinión zarandee la telebasura mientras que, en sus versiones online o suplementos de fin de semana, busquen al mismo público con los personajes del cuore y sus cotilleos de peluquería. El supuesto árbitro de la ética periodística, seamos serios, no puede pitar un penalty y encargarse a la vez de lanzar la pena máxima. En resumen, existe telebasura como existe periodismo, radio e internet basura. Negarlo es tan contraproducente como negar la ley de la gravedad mientras uno cae de lo alto de un andamio.
   Periodismo basura es aquel que difunde un publirreportaje camuflado como información o que dedica espacio en sus páginas a esa empresa multinacional que, casualmente, ha comprado meses atrás acciones de la empresa editora. Lo mismo para la radio, internet o el patio de vecinos de las redes sociales, un lugar donde el periodismo que se despacha es de garrafón edulcorado al 90%. La telebasura no anida únicamente en reality o programas del corazón sino en un informativo que oculta una noticia incómoda para alguien y, también, para cualquier espacio donde falla estrepitosamente el guión, pasando por un decorado de juzgado de guardia, una iluminación espantosa, un inadecuado vestuario o una deplorable producción…
   En televisión –suelen esculpir en los departamentos de programación de las cadenas- está permitido casi todo menos caer en el aburrimiento. Hay veces que se olvida y, claro, la retirada del programa es obligada porque ni los espectadores ni los audímetros caen en la trampa de programas de actualidad y humor que no tienen gracia y dan grima. Ahí tiene como ejemplo las dos semanas escasas que ha durado en La Sexta Alguien tenía que decirlo y, si nada lo remedia, la próxima víctima de la dictadura del share que emite de momento Cuatro con el título de Te vas a enterar. Porque en ocasiones las audiencias son muy injustas pero en otras sólo confirman que la telebasura no anda en peligro de extinción.

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