lunes, 31 de diciembre de 2012

Críticos con la crítica


A Jack Gould le dio por ser periodista y crítico de televisión en Estados Unidos, además de narrar la época dorada del medio en su país hasta que le llegó la muerte hace 20 años. Sus artículos en el siempre prestigioso The New York Times eran algo así como la Biblia en versión revista Teleprograma o la extinta Tele-radio. Al bueno de Jack se le recuerda por una cita que dejó para la historia: “Hay algo absolutamente tranquilizador sobre la televisión: lo peor está siempre por venir”. Algo de razón sí que tuvo, ya que a su fallecimiento Gran hermano y todos los sucedáneos de programas de vida en directo tan infames en ocasiones habían sido aún siquiera paridos ni proyectados.
  
Telecinco, la cadena que más juguetea con la telebasura, acude periódicamente a Teleadictos Anónimos para someterse a una cura de desintoxicación. Durante años la terapia consistió en programar series de gran calidad de la que ya apenas queda la sobresaliente Aída. Esta temporada ha intentado con éxito desengancharse con La voz, un espacio que demuestra a la cadena de Mediaset que puede despachar entretenimiento en prime time, lograr audiencias cercanas al 40% de cuota y contar con el beneplácito y el apoyo –aunque ni mucho menos al 100%- de crítica y público. De remate, que sigan con devoción La Voz miles de espectadores que sólo entran en la oferta de Telecinco porque no pueden borrar del mando a distancia el botón del número 5.
   
 La audiencia televisiva de nuestro país no suele caer en ningún timo de la estampita y, en ocasiones, nos da hasta verdaderas y agradables sorpresas. Como la de este mes respaldando en horario estelar la miniserie sobre Carrero Blanco emitida por TVE. Cada espectador suele llevar dentro un crítico del medio en potencia que huele el producto bien hecho y currado en todos sus detalles. Y sabe distinguir la buena televisión, ya la programe Telecinco a continuación del griterío de Sálvame de luxe o La 2 con el pausado Punset y sus Redes.
  
En cualquier caso, no haga mucho caso de los críticos oficiales de la televisión a la hora de elegir su menú. Le recuerdo lo que a nuestro Jack Gould -el del admirado Times neoyorkino-, escribió de Elvis cuando El rey arrancaba su carrera y salía por televisión volviendo loca a la juventud americana: “El señor Presley no posee una habilidad discernible para el canto” y su arte “consiste en variaciones estereotipadas similares a una aria cantada en la ducha por un principiante”, además de un “acentuado movimiento de su cuerpo que imita de forma primaria el repertorio de movimientos de las rubias explosivas en las pasarelas de los cabaret”. Sólo los mayas –no confundir con Los Amaya- y la profecía del día del fin del mundo lo mejoran.

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