lunes, 7 de enero de 2013

Con un par de pelos


La caspa televisiva de Nochevieja durante las campanadas recayó en el spolier estrenado en la cabeza por Imanol Arias y el supuesto vestido roto –mucha casualidad, ¿no?- de Paula Vázquez. En esto del pelo, el actor de Cuéntame cómo pasó toma el relevo a varios personajes televisivos nacionales e internacionales. Como Rhonda Lee, presentadora del tiempo de una cadena en EEUU, despedida estas navidades por responder en las redes sociales a un espectador que le sugería una peluca porque –sostenía estúpidamente- con su cabello tan corto parecía una enferma de cáncer. También en estas pasadas fiestas ha causado impresión el anuncio de una aseguradora con su fichaje estrella, Matías Prats, el Isabel Preysler de la pequeña pantalla también con una azotea capilar de tronío. En esto de las sorpresas en las cabelleras el pionero y precursor ha sido Hilario Pino y su campanazo piloso hace ahora un año desde los telediarios de Cuatro. En Telecinco, mientras tanto, el peluquero de Pedro Piqueras sigue trabajando a destajo y Hollywood ya le ha echado el ojo como posible candidato al Emmy de los mejores efectos especiales. Muy cerca de Piqueras, Sara Carbonero hace caja como embajadora del champú Pantene mientras su pareja Iker Casillas ejerce de titular indiscutible parando ahora la caída del pelo. Desde la barrera, José María Íñigo, Antonio Lobato o Constantino Romero –entre otros y entre los que me encuentro y me sumo- se parten de la risa. El pelo no da ni quita la profesionalidad o la credibilidad en televisión, aunque es más fácil en España lograr un trabajo fijo que encontrar a un presentador titular de informativos calvo como una bola de billar.
   Ni un pelo de tonta tiene la audiencia que eligió días atrás el liderazgo de la noche a Toy Story 3 en Antena 3 frente a otras películas de la competencia. Ya nos hemos acostumbrado a que películas familiares como ésta dirigidas al público infantil concluyan a medianoche o bien entrada la madrugada, aunque al menos en esta ocasión los niños no fueran al colegio al día siguiente. Más incomprensible –no me diga que no- es comprobar cómo este filme de Disney fue un espacio patrocinado en Antena 3 por una bebida alcohólica como es una crema de ron, tal y como se anunciaba en cada corte publicitario. ¿Nadie se dio cuenta en la cadena, dio igual o se hace hasta queriendo?
   Han sido posiblemente las navidades televisivas más tristes y cutres de nuestra historia reciente, con una programación de saldo en prácticamente todas las cadenas y sin noticias de algo medianamente potable, distinto o innovador. Si esto es lo que nos va a deparar este 2013, apaga el mando y vámonos. Mientras tanto, a conformarnos por fin en TVE con los nuevos episodios de Cuéntame cómo se peinó.

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