sábado, 26 de enero de 2013

Surtidores de caraduras

Compañías aéreas, bancos, cajas de ahorro, constructoras, empresas de telefonía, por supuesto grandes inmobiliarias, hoteles y paradores nacionales, fabricantes de automóviles y todo tipo de vehículos.... Estamos en el año 13 del siglo XXI.  El paro y los ERE en España afectan a todos los sectores por culpa de la maldita crisis invasora. ¿A todos los sectores..? ¡No! Una aldea integrada por las irreductibles empresas de energía -petróleo y electricidad- resiste todavía y siempre a la crisis.
  ¿Y cómo lo hacen? ¿Cuál es el secreto de su éxito, la fórmula de sus beneficios milmillonarios en plena recesión? Nada del otro mundo, no se crea: El oligopolio, el control del mercado, unos precios disparados, una ley que no se cumple a rajatabla y unos consumidores que apenas protestan o se movilizan.
   Antes saldremos de la crisis que presenciar y ser testigos por televisión o en la prensa de imágenes de consumidores saliendo a la calle y protestando con parcantas, por ejemplo, ante las contadas grandes compañías de distribución de los carburantes -son apenas tres- o las enormes empresas de suministro eléctrico -otras que se cuentan con los dedos de una mano-. Y eso que todas ellas se ponen la crisis y los aprietos de millones de españoles por montera. Si cae el consumo, ellos, al contrario que el resto de los sectores económicos, suben los precios hasta marcar récords históricos. Ni la mano invisible de Adam Smith puede detenerlas.  Tampoco y pese a sus periódicos intentos los gobiernos de turno.
  Por supuesto, son expertos en beneficiarse de aquello de "hecha la ley, hecha la trampa". En el caso del precio de los carburantes nos toman el pelo semana sí, semana también, a pesar de que el ministerio de Industria les ha echado el ojo e intenta que no se desmadren. Y no se crean que lo hacen a escondidas. No, ni mucho menos. Si visita regularmente una gasolinera o pasa por delante de ellas constatará cómo las tarifas del litro de gasolina-gasóleo descienden curiosa y sospechosamente cada lunes. No se crea que es una estrategia comercial para beneficiar al consumidor. Las distribuidoras saben que cada lunes -ver gráfico- hay que pasar la tabla de precios a la Unión Europea para que las autoridades de Bruselas publiquen los precios medios en cada país. Una vez que la UE difunde el precio de España -a la baja, claro está- las empresas petrolíferas pegan el estirón al precio de la gasolina la misma medianoche del martes. O horas antes. Céntimo a céntimo esquilman a unos consumidores que no dejamos pasar ni una a otras empresas pero que con estas, como que ni queremos ni podemos hacer nada para mostrar una indignación a pesar de habernos convertidos en clientes esclavos.
   Mientras que antisistemas y similares la toman con una empresa señera como Mercadona, por ejemplo, que en plena crisis no para de contratar empleados, nunca les ha dado -ni a ellos ni a prácticamete nadie- de plantarse ante la sede de una de estas grandes compañías para lanzar un ¡basta ya! Ya sabemos que no son onegés, entidades filantrópicas o benéficas, pero de ahí al atraco al bolsillo y la tomadura de pelo hay, seguro, un término medio. Seguro.
   PD. A todo estoy, hoy en las gasolineras a las afueras de Madrid el precio del litro de Eurosúper anda por 1,46 euros, muy cerca de nuevo de los máximos de meses atrás. Seguro que detrás de las nuevas alzas se encuentra el conflicto de Mali... o la crisis del Real Madrid, o Amy Martin. Las petroleras -y eléctricas- siempre tienen una explicación a mano.

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