viernes, 1 de febrero de 2013

Hortera musical. Parte I

Haber nacido a finales de la década de los sesenta te predispone a ser un hortera musical. En mi caso esa predisposición no falló en absoluto. A finales de julio de 1979 compré de mi bolsillo el primer disco de mi vida. Obviamente, los fondos no daban para llevarme bajo el brazo un LP -de vinilo, por supuesto- que no bajaban de las 650 pesetas -unos 4 euros de ahora-. Menos aún para intentarlo con un doble LP como el de Fiebre del sábado noche o Grease que andaban por encima de las 1.000 pesetas.
   Con el billete marrón con el rostro del gaditano Manuel de Falla, y por valor de 100 pesetas, que me dieron de regalo mis abuelos por mi santo ese verano me planté en la única tienda de discos en el casco antiguo de mi ciudad; una localidad costera de Cádiz de unos 60.000 habitantes que llevaba con orgullo haber inaugurado meses atrás un Carrefour, entonces llamado Híper. Con veinte duros daba lo justo para comprar un single que lucía en el escaparate: el In the navy de los Village People. Con 11 años, sin DNI aún en la cartera, la elección tenía hasta su explicación social: en mi urbanización vivían entonces decenas de estadounidenses que trabajan para la Marina de su país en la cercana Base aeronaval de Rota. Ellos y sus hijos eran la modernidad: comían hamburguesas y comida preparada por la calle, celebraban una fiesta desconocida para todos los vecinos llamada Halloween, bebían coca-colas y refrescos de todo tipo -como uno llamado Dr. Pepper- en latas entonces inexistentes en España, conducían coches Chevrolet, Buick o Pontiac como los que salían en las películas, venían del cole en los típicos camiones amarillos de transporte escolar de las mismas películas, los chicos se movían en skate-boards, paseaban las bicis más chulas que uno podía imaginar... y escuchaban su música a través de la emisora propia de la Base. Por supuesto, vestían marcas para nosotros inalcanzables aún como Levi´s y zapatillas Nike de deporte.
  Ahí tienen la foto de ese single de Village People, mi grupo favorito de entonces y durante mi adolescencia. Un par de años más tarde me quedé con las ganas de ir a su película Can`t stop de music -la vería hace un par de años para constatar que es infumable- porque no contaba con las 80 pesetas que costaba la entrada y porque aguantó en la cartelera apenas una semana. El disco de la BSO de la peli aún lo guardo para escuchar canciones como la que da título a la peli, Magic night o, mi preferida, Milkshake.
   En 1983 los americanos se vieron obligados a dejar sus chalets y a vivir dentro del recinto de la Base a la vista de que en la España de entonces -con el PSOE recién aterrizado en el Gobierno- se hablaba de salir de la OTAN, un referéndum ex profeso para ello, y el sentimiento antiestadounidense vivía su cénit. Al dejar sus casas solían tirar a la basura enseres que, para niños como yo, suponían un tesoro. Allí encontré sin su funda -pero daba igual- un LP de Village Peope titulado Go west. El vinilo estaba sucio y su superficie combada. Era de mi grupo favorito y era lo que contaba.
  Sigo escuchando a Village People, de los que la canción que menos me gusta -YMCA- es la que más frecuentemete sigue sonando por la radio y la que los lanzó a la fama. Mi personaje preferido de Village People era y sigue siendo el bigotudo de ropa de cuero, con gorra y motazo. De pequeño creía que era el súpermacho de la banda, no le digo más.

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