sábado, 2 de febrero de 2013

Reciclar el reciclaje

Hay veces en las que, para mejorar, no hay nada como dejar las cosas tal y como están. Aquí tiene la prueba de ello. Majadahonda es una ciudad del norte de Madrid con sus calles muy limpias y lustrosas. A los que vienen de fuera esto le llama la atención. También observar cómo sus parques, jardines, rotondas, plazas, paseos y calles andan todo el año inundadas de flores. En mi pueblo natal de la provincia de Cádiz es idéntico... pero justo al revés: suciedad, sinfonía de papeles y porquerías por el suelo -más aún los días que pega el Levante- e invasión de todo tipo de matorrales secos y jaramagos en aceras y bulevares.
  En Majadahonda acaban de instalar unos contenedores nuevos para la basura orgánica -o sea, la de toda la vida- y el reciclaje de vidrio, cartón y envases. Genial la apuesta por el medio ambiente y esas cosas, ¿verdad? Pues no. La gente anda estos días liadas porque a simple vista y menos aún de noche no se distingue cuál es cuál. Y es que los contenedores son prácticamente iguales, con la salvedad de una banda de color según la basura para que la que cada uno ha sido destinado. Lo peor viene en el de los envases: la boca de entrada de las bolsas es tan pequeña que, ya lo ven, no caben las bolsas. Y, claro, los vecinos se ven obligados a dejar estas bolsas fuera y sobre la acera. El experto que ha diseñado los flamantes contenedores, delo por hecho, no ha bajado de su casa la bolsa de basura en su vida. Y, casi seguro, tampoco ha reciclado ni separado los restos de su domicilio. Ahora no queda otra que reciclar estos defectuosos contenedores de reciclaje.

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