lunes, 4 de marzo de 2013

62 días sin brújula

El presidente de la televisión pública de referencia lo ha dicho bien alto y claro: “Lo cierto es que esta televisión tenía más directivos que el Partido Comunista de China”. No es una declaración del presidente de RTVE, sino del de la sacrosanta BBC, Chris Patten. Y lo dice con conocimiento de causa, cuando el espejo audiovisual donde se mira el mundo televisivo público atraviesa una crisis sin precedentes que incluyen miles de despidos, huelgas, el terremoto del caso Savile de pedofilia –un cómico fallecido y que durante años fue la imagen de la casa- o la pasta (1,6 millones de euros) que se calzó Entwistle, efímero director de la BBC por apenas 50 días en el tajo al dimitir por un episodio de censura.
   Ante este panorama, la situación de nuestra RTVE es casi una nota a pie de página. Aún así, lo cierto es que la cadena estatal ha arrancado el año con el pie izquierdo: los sindicatos amenazan con huelgas por su convenio colectivo, al jefe de informativos le acusan de ascender en RNE a su mujer y los telediarios andan con una audiencia de capa caída, agravada por las llamativas derrotas de Ana Blanco a manos de Vicente Vallés y Antena 3. En las autonómicas las cosas andan grisáceas en los 62 días que ha quemado este 2013, con los expedientes de regulación de empleo aplicándose, elaborándose o escondiéndose en cajones a la espera de una decisión política que no llega. En Canal Sur, de momento, se despiden a los traductores de lenguaje de signos por denunciar en alto que no cobraban a tiempo.
   En las privadas el escándalo viene por la publicidad, el sustento de su negocio. No en vano, todas las cadenas emitieron en 2012 un 10% menos de spots que el menguado 2011. Telecinco, según las cuentas de la empresa Zenith, lideró este ranking con 205 minutos de anuncios diarios, seguida a distancia por Antena 3 (178). El 2013 sonríe a la cadena de Planeta al lograr liderar las audiencias de enero y luchar hasta el final para repetir en febrero. Además, su fusión-absorción de La Sexta marcha viento en popa con el respaldo de los espectadores: Pesadilla en la cocina, sus informativos, Al rojo vivo, el nuevo programa de Florentino, la nueva juventud para El intermedio… No es empírico pero en La Sexta cada nueva polémica que salpica al Gobierno o al PP se traduce en subidas de audiencia. Mientras, Cuatro no levanta cabeza tras la compra por Telecinco, donde no funciona ni su triste Gran hermano pero sí –quién te ha visto y quién te ve- sus informativos. Todo es posible en una televisión incapaz de reinventarse y que prepara programas de famosos en trampolines. Incluso volver a creer en la supremacía de la BBC y TVE.

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