lunes, 29 de abril de 2013

Bufé libre de aburrimiento


Andamos cerca de las 5 horas de consumo de televisión diario, el ocio barato por la crisis. El chute de tele sigue sin traer, al menos que se sepa o haya trascendido, rastro alguno de nuevos programas y series españolas impactantes con marchamo de dejar huella en la historia del medio. Más bien, para qué lo vamos a negar, todo lo contrario. Nunca la televisión en España había sido tan aburrida y poco atractiva como hasta ahora, y eso que la supuesta modernidad de la TDT llena el mando con una treintena de menús. En televisión se puede hacer de todo, dicen los que saben, excepto aburrir. Y eso es lo que despacha diariamente el medio de comunicación más seguido y consumido por los españoles mientras que, por ejemplo, desde Estados Unidos no dejan de llegar series de ficción maravillosas que dan auténtica envidia. 

   Lo de los magazines matinales y algunos de tarde no tiene nombre: sucesos y sucesos, siempre los mismos, siempre lo mismo, durante años. Con Ortega Cano se han pasado contándolo todo desde el fatal accidente de mayo de 2011; con Marta del Castillo, sobredosis desde febrero de 2009; los problemas judiciales de la Pantoja, sobreexposición desde febrero de 2010; con el caso Bretón y sus hijos desaparecidos; saturación sobrevenida desde octubre de 2011. Todo en un bucle pseudoinformativo donde se sucede la narración de supuestas exclusivas de medio pelo. Un desastre que deja al Periodismo, casi siempre, a la altura del betún y como simple sucedáneo de un chascarrillo de radio patio. Es lo que hay y lo que lamentablemente seguirán escupiendo las televisiones en los próximos meses. Qué decirle de un Gran hermano que lleva dándonos la tabarra 13 años y ahí sigue, con el beneplácito de la audiencia. O las raciones de famoseo vespertino de Telecinco, con medio país escrutando el caso de los butroneros en casa de la Esteban. Y es que vamos ya por 15 años sin que decaiga la crónica rosa casposa. Seguramente, lo que tenemos es lo que merecemos porque la dictadura del share, como la ley de Murphy, no ha sido derogada. 
Aburridos de todos los que, a pesar de la crisis crónica en las teles autonómicas, se llevan una pasta con sueldazos que ni Botín en el Santander. En Cataluña, por ejemplo, donde el jefe de la TV3 atesora una nómina anual de 165.000 euros –un 125% más que el presidente del Gobierno-, con su homólogo en la radio cobrando 106.000. Con el presi de la imprescindible Corporación Catalana de Medios Audiovisuales llevándose 130.000 y sus once consejeros una calderilla de 96.000. Cansados del recurrente toma y daca político sobre unos servicios informativos de TVE que, a pesar de los pésimos datos de audiencia, siguen siendo los mejores con diferencia. Y sin aburrir.

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