martes, 9 de abril de 2013

Cuando Avon no llama a tu puerta

Cuando un país se encuentra en crisis la sociedad necesita héroes anónimos cada día y en cada esquina. En España tenemos tanta tanta suerte que lo único que conseguimos es dar con antidemócratas anónimos vestidos con disfraces de demócratas en cada esquina, en cada calle. De los camisas negras o pardas hemos pasado a las camisetas verdes de los protagonistas de los escraches. Con un look muy parecido, coincidencias o no, al colorido chillón e infantil que siempre acompañó a la propaganda electoral de Herri Batasuna y sus posteriores marcas herederas. Salen a la calle para, según ellos, "interpelar" a los diputados que no comulgan con sus ideas sobre hipotecas y desahucios.
  En la Alemania nazi realizaban pintadas en los domicilios y negocios de los judíos; en el País Vasco, carrusel también durante décadas de pintadas contra los políticos de PSOE y PP que plantaban cara al chantaje independentista. Los antidesahucios que llevan a cabo los escraches aducen, en el colmo de la desfachatez, que sus actos son pacíficos y no violentos. Han cambiado las pintadas por los empapelamientos con carteles de los domicilios particulares de los políticos. A la heroína de pega Ada Colau se le han unido, como era previsible, la gente de IU, como la impresentable consejera de Vivienda de la Junta de Andalucía. Nada extraño a la vista de que hace un par de meses el gobierno andaluz premió a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca con motivo del Día de Andalucía.
   El tiempo, afortunadamente, pondrá a cada uno en su sitio. Y esta democracia nuestra sentirá vergüenza tarde o temprano al revisar las hemerotecas y comprobar cómo hubo una época, en aquel 2013 de dura crisis, en la que unos vergonzantes escraches perseguían cobardemente a los políticos hasta sus domicilios particulares. Y recordaremos cómo hubo una miseria moral de antidemócratas para los que dejó de tener vigencia aquello de que la democracia es ese sistema en el que cuando llaman a tu puerta al amanecer sólo puede ser el lechero. Aquí en España reinventamos la frase de Churchill para que pueda ser también un escrache el que golpea tu puerta de casa al alba.

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