lunes, 22 de abril de 2013

Sangre, sudor y encuestas

España es un país que le lleva la contraria a una de las frases más recordadas de Winston Churchill. Aquí, si llaman a la puerta de casa temprano e inesperadamente,  puede ser un escrache muy amigable o un encuestador. Si suena el teléfono, no lo dude, es una oferta tipo El padrino –de esas que no se pueden rechazar- de cualquier empresa de internet para lanzarle a la cara una promoción a la hora de la siesta. Aquí las cadenas no persiguen a la audiencia para preguntarle sus opiniones sobre el medio o sobre aquel programa. De esto se encarga, por ejemplo, el Consejo Audiovisual de Andalucía, ese organismo que –según su propio sondeo- desconoce el 75% de los habitantes de las ocho provincias de la región. El Barómetro Audiovisual Andalucía 2012 acaba de salir del horno: en sus páginas se afirma, por ejemplo, que para los espectadores andaluces la tele más mejor es Canal Sur y que, por supuesto, es también el canal con una mayor neutralidad política. No se sorprenda: según el último barómetro del CIS para un 5% de los españoles la situación económica del país ha mejorado durante el último año.
  Volviendo a los resultados del trabajo del Consejo Audiovisual, allí aparece que la audiencia andaluza ve mayoritariamente los programas culturales (20%) por encima incluso de los espacios deportivos (19,1%) o los concursos (16,9%). He ido a la última página del barómetro para confirmar que allí no aparecía una fe de erratas sobre estos porcentajes. En serio. Es más: el 0,0% de los consultados ha dicho al encuestador que no sigue los programas de televenta o que sólo el 0,3% echa un vistazo a los bloques publicitarios y de continuidad. Si estas cifras fueran a misa –aunque apuntan al ateísmo o el agnosticismo-, los anunciantes saldrían hoy mismo de la televisión como medio para publicitar sus productos. Pero no tiente pinta que sea el caso. ¿Y qué me dice de ese 20% de andaluces que se pirra por los programas culturales, dato que sube 5 puntos en el caso de los mayores de 65 años? Es una pena que el barómetro no refleje qué entienden estos espectadores por programas culturales y que se les pidiese que citaran al menos el nombre de uno.
    Desconfíe de las encuestas, y más aún si tratan sobre la televisión y los medios de comunicación. Con creer a rajatabla los datos de audiencias ya tenemos suficiente y hasta de sobra. Porque es un acto de fe comprobar cada mañana con las cifras de los audímetros cómo los asuntos de bragueta de los famosos continúan teniendo tirón en la pequeña pantalla. Que estos programas entren en crisis nos costará sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas si, por una vez y sin que sirva de precedente, hacemos caso al bueno de Churchill. 

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