lunes, 20 de mayo de 2013

Rectificar es de torpes


Lograr una gran exclusiva no es la tarea más ardua o complicada para una empresa informativa y para los periodistas que trabajan en ellas. Tampoco publicar una entrevista con el personaje del momento o conseguir unos documentos comprometidos para tal o cual partido o cargo político. No se equivoque. El trabajo más duro para un medio de comunicación pasa por recoger una fe de errores, aunque ésta se despache a pie de página par, junto a esquelas y anuncios por palabras, con un tamaño pulga de letra y en un espacio mínimo. Porque esa es otra, ya que prácticamente sólo la prensa escrita da testimonio de sus meteduras de pata. Para las cadenas de radio, televisión y portales de internet ancha es Castilla para sus informaciones y minúsculas como una pedanía perdida sus posibles rectificaciones.    En la otrora sacrosanta y aún británica BBC acaban de pedir perdón por un reportaje sobre el desvío de donativos de una organización benéfica para militares heridos. Mucha BBC pero han despachado el asunto con un simple comunicado, casi 10 meses después de la emisión del trabajo de marras y contando que aquella información recogía tergiversaciones de forma “desleal y engañosa”. No 10 meses, sino 10 años, se cumplirán en este 2013 de la más célebre rectificación emitida por una televisión en España. ¿Lo recuerda? Fue Alfredo Urdaci, en el Telediario, cumpliendo una sentencia de la Audiencia Nacional sobre el tratamiento que TVE ofreció a su audiencia sobre una huelga general. La rectificación se dio a la velocidad del rayo, tras los títulos de crédito del informativo y con aquello de “ce ce o o” para evitar pronunciar el nombre de Comisiones Obreras. El error se suplió con uno aún mayor que ha perdurado en la historia española contemporánea. Un desastre en toda regla y que corrobora que rectificar también es de torpes. Este mes de mayo las redes sociales –esa especie de Inquisición invisible a la hora de dictar qué es lo políticamente correcto- han clamado contra dos piezas del telediario: una sobre la forma de vestir de los adolescentes y otra sobre el negocio de la venta de velas gracias a los parados que rezan buscando la intercesión divina. El único error, posiblemente, haya sido calzar en la escaleta de contenidos dos temas muy chorras más propios del infoentretenimiento al que nos tienen acostumbrados hasta el sopor los informativos privados de la competencia. Aún así, prefiero esas dos noticias irrelevantes antes que el silencio ante noticias con sustancia –Berlusconi y sus líos del bunga bunga, por ejemplo- porque el protagonista es el dueño del canal o, peor aún, dar cabida a un estudio elaborado por una multinacional porque los presentadores de los informativos han sido fichados por esa gran empresa para publicitar sus productos en esa misma cadena

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