lunes, 10 de junio de 2013

Orquestas desafinadas

No hay nada tan injusto como que te den un premio periodístico que no te mereces y que, de paso, suponga una burla a la inteligencia y un desprecio para quien sí ha hecho méritos de sobra para lograrlo. Pasa en todos lados. Ahí tienen a Hugo Chávez, el fallecido caudillo de Venezuela, presentador de Aló, presidente y que durante años se encargó de cerrar televisiones porque no le bailaban el agua o impedir el trabajo de la prensa libre. El líder revolucionario de paripé acaba de ser distinguido con el premio nacional de periodismo de Venezuela “por el impulso que dio –según el jurado- a los medios públicos y populares del país durante su gestión de gobierno”. Y tan panchos. Pero para nota que en Australia hayan distinguido como mejor pinchadiscos de radio a Michael Christian. ¿Qué este quién es? Pues el locutor que gastó meses atrás una broma a una enfermera británica, haciéndose pasar por el príncipe Carlos, para que le informaran del embarazo de la duquesa de Cambridge. Un par de días más tarde, revelada ya la guasa por medio mundo, la sanitaria Jacintha Saldahna no aguantó la presión y se suicidó. Al menos, en Australia el ministro de las telecomunicaciones, Stephen Conroy, ha salido a la palestra para comentar que el galardón para el locutor de marras “es de mal gusto”.
   Aquí, el ministro de Industria, Energía y Turismo –encargado de lo audiovisual, por raro que parezca-, ha aprovechado su paso por una privada –el plató de Ana Rosa- para lanzar una puya a las autonómicas: “Más importante es –ha contado José Manuel Soria- garantizar la nutrición de los niños que seguir teniendo una televisión autonómica”. Curiosas declaraciones teniendo en cuenta los miles de miles de millones de euros que viene costando al contribuyente desde el lejano 1956 la existencia de TVE. En el eterno debate sobre el futuro de las televisiones públicas no hace falta tirar de demagogia y sí de verdaderos planes de futuro que arreglen los desaguisados cometidos por unos y otros, no durante los últimos años sino durante las últimas décadas. No vale que el barco tenga una vía de agua y, en vez de trabajar codo con codo para taparla, los responsables directos –dirección y representantes de los trabajadores- suban a la cubierta y discutan acalorada, mediática y exclusivamente sobre las nóminas, dietas y complementos salariales mientras piden un informe sobre el seguro de accidentes de la nave para ver qué cubre. Las malas orquestas, para el Titanic.
   Despedida y cierre hoy para el papel jugado por las principales cadenas de televisión turcas días atrás durante las revueltas. Con el país incendiado de protestas, las teles pasaron olímpicamente del asunto para emitir documentales de pingüinos y programas sobre talleres de manualidades. Ni Goebbels en un día pletórico lo mejora.

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