lunes, 5 de agosto de 2013

Vender con legañas

Ni la panadería del pueblo abre tan temprano. Algunas tiendas de Leroy Merlin en la Comunidad de Madrid están abriendo este verano sus puertas a las 7.30 de la mañana para vender tornillos, arandelas y lo que haga falta de su enorme stock centrado en el bricolage, ese arte para los manitas y ese suplicio para los torpes que -es el caso del abajo firmante- no saben hacer la o minúscula ni la mayúscula con un canuto.
  El cartel de la puerta de la tienda da fe de que, no solamente suben el cierre de la puerta a las 7.30 horas, sino que no lo bajan hasta las 10 de la noche. Que no sea por dar facilidades al cliente en esta crisis económica y del consumo, oiga.
   El de la foto es el Leroy Merlin de Majadahonda -el mismo que como un ave Fénix renació de sus cenizas en un abrir y cerrar de ojos-. Y no se crean que abren a la hora de la legaña porque no hay un Leroy Merlin en 500 kilómetros a la redonda. Qué va. La misma empresa tiene otro igual o más grande aún a apenas 5 minutos en coche, a unos escuálidos 10 kilómetros de distancia.
  En julio, y por una mudanza -ese acto que pone a prueba y mejor que nadie el amor de cualquier pareja-, fui cliente ocasional de Leroy Merlin. Pregunté, a la vista del horario, si existían clientes a esa hora de la mañana. Una cajera me respondió: "Ni el tato ni los gatos", aunque quizá no fuera sincera tras confesarme que ella misma era del turno de mañana y que se despertaba a eso de las 5.30 para ir a currar a la tienda.
  Quizá tanto madrugón afecta a la amabilidad del personal de atención a cliente del Leroy de Majadahonda: al devolver una birria de estantería auxiliar de baño de apenas 30 euros de precio auscultaron cada pieza, el embalaje, el ticket y hasta llamaron a un encargado para que lo supervisara in situ. Ya sabe, a quien madruga, las mala leche ayuda. Al menos, hasta el primer café de la mañana en la oficina.

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