jueves, 24 de octubre de 2013

El misterioso caso del banco que no quería dinero

Planchas, tostadoras, cacerolas, baterías de cocina, ollas a presión, enciclopedias, colecciones de DVD de música y cine...y, últimamente tablets último modelo. Desde hace años los escaparates de los bancos y cajas de ahorro dejaron atrás su imagen de seriedad para convertirse en luz y colorido, con ofertas de todo tipo a cambio de que el cliente traspase las puertas de la oficina, abra una cuenta corriente o -si pica- comprar un producto de alto riesgo con una letra pequeña que hacen atractivas, amenas y comprensibles la ley hipotecaria y la ley sobre propiedad horizontal. El caso es atrapar los ahorros del personal y que los depósitos crezcan sin parar, presentando estas entidades balances aún mejores que los del ejercicio del año precedente.
  Aunque no siempre. La semana pasada abrí la modesta hucha de mi familia tras casi dos largos años hasta dejarla repleta de monedas. Resultado: 140 euros. Una vez agrupadas las monedas en sus paquetes oficiales correspondientes me acerqué a mi sucursal bancaria para hace el ingreso pertinente. No pudo ser. La empleada me sorprendió explicándome que allí no se podían ingresar monedas. ¿Cómorrrrrr...?  Pues sí. A pesar de ser cliente, tener cuenta corriente y llevar dinero en metálico en euros de curso legal en mi banco no dejan ingresar monedas. "Billetes, sí, por supuesto", me precisó la trabajadora puesta en pie tras su mesa. "¿Me puede decir en base a qué normativa no lo permiten?", inquirí tanto a ella como a la operadora del servicio de atención al cliente de mi banco. Todavía -ya ha pasado casi una semana- estoy esperando que me faciliten una respuesta.
   ¿Cuál es mi banco? Ese que tiene unas campañas publictarias tan bonitas, tan resultonas, donde impera el buenismo. Y todo de color naranja radiante, aunque mi cara enrojeciera ante lo que considero un sinsentido: el misterioso caso del banco que no quiere que sus clientes le ingresen el dinero de sus ahorros.

domingo, 13 de octubre de 2013

Guardia civil zombie por Halloween

No tengo nada en contra de Halloween, una fiesta que conocí y celebré a finales de los años 70 con los niños americanos de la Base de Rota que tenía por vecinos. Nunca me gustó mucho que la adoptaramos como algo nuestro pero, en algunas cosas, los pequeños de la casa tiran más que cuatro carretas. Y es el caso.
   Lo que me va menos es lo que acabo de ver en uno de los medios impresos más vistos y leidos del país: el folleto de las ofertas de los hipermercados Carrefour. En el que estará en vigor desde mañana hay profusión de artículos dirigidos a niños y menos niños relacionados con la fiesta de Halloween. Obviamente, cuarto y mitad de ofertas en disfraces para dar el cante en la noche de las brujas. Lo curioso -y que no comparto o no me gusta, sin entrar en disquisiciones de ningún tipo- es que se incluyan como disfraz a un módico precio el de Guardia civil zombie. Tal cual y en las misma páginas de los dirigidos a los niños: con el tricornio ladeado, ensangrentado y con el uniforme hecho jirones Y es que la fotografía recuerda tiempos ya, afortunadamente pasados, en los que la Guardia civil era portada de periódicos por otros motivos. No, no me gusta, aunque pueda pecar de más papista que el Papa.
PD. El disfraz de marras también está disponible en multitud de webs de juguetes y, ya puestos, en El Corte Inglés. En mundoglobo.com lo anuncian explicando que se trata de un disfraz "que gustará a todo el mundo y con el que te lo pasarás genial". Pues lo de todo el mundo va a ser publicidad engañosa.