miércoles, 30 de abril de 2014

Se hace saber

No, no me gustan los graffitis. El 99,9% de estas supuestas obras de arte callejero son auténticas salvajadas que joden edificios, monumentos, obras públicas, trenes y vehículos de transporte público o lo que quede más a mano del gamberro de turno con un spray en la mano. Quizá los que más odio son aquellos que se realizan en furgonetas de color blanco por aquello de hacer una gracia. Maldita la gracia la que tiene que darle al descubrirlo al dueño de la furgo.También son auténticas tropelías esos graffitis cuyos perpetradores pintan con simples rayas y firmas personales todo aquello que pillan del mobliario urbano.
  Este grafiti tan anodino y asqueroso que ven aquí de color amarillo apareció una mañana en la cristalera de la puerta de acceio de un bar de copas de la calle Diego Niño, El Puerto de Santa María. Siendo gaditanos, los dueños del local se lo tomaron con cierta guasa. Ni corto ni perezosos dejaron sobre el grafiti un mensaje dirigido al autor de la deleznable pintura. Y eso sí que es una obra de arte, porque tiene ingenio y es innovador. Pasen, vean y lean. 

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