domingo, 5 de octubre de 2014

Linces en la gasolinera

Hubo un tiempo -no muy lejano, no se crea- en el que las gasolineras eran sitios casi siniestros, cutrecillos, grasientos, oscuros y en las antípodas del marketing. Lo único bueno que tenían era el empleado de mono azul, con el emblema de Campsa o Cepsa en la solapa, y con un monedero/billetero de cuero a la altura de los riñones para cobrar y dar cambio al automovilista que repostaba. A nadie en su sano juicio se le pasaba por la cabeza bajar del coche y entrar en el local de la gasolinera, a no ser que fuera a preguntar si vendían tabaco o comprar una lata de aceite o un bote de Wynn's, aditivo para gasolina que se colocaba encima del surtidor como reclamo. Por supuesto, ni ir al baño, sinónimo de guarrería para película de Torrente.
  Quizá coincidiendo con el inicio de la entrada en vigor de las autovías, poco antes del mágico 1992, las gasolineras españoles comenzaron a cambiar de imagen, modernizarse y asemejarse a supermercados. Eso sí, adiós a los empleados, bienvenido al autoservicio e incluso pagar por echar aire a las ruedas. Por supuesto, nada de guerra de precios a pesar de la libre competencia que trajo supuestamente la liberalización del mercado.
  De aquellas gasolineras que olían a gasóleo derramado en el suelo junto a los surtidores, a las estaciones de servicio que huelen a pan congelado recién hecho. Unas gasolineras que, a pesar de los cambios revolucionarios, siguen manteniendo la venta de CD de música. Como lo oye, aunque no les de por oírlos y menos aún comprarlos. Aquí tiene la prueba en una gasolinera de Majadahonda, a las afueras de Madrid, ciudad pija y urbanita donde las haiga. Y con una oferta que incluye a Luis Aguilé -con 40 supuestos éxitos-, unos mariachis, al incombustible Ray Coniff y la desconocida Rocío Muñoz. Todos a 4,95 euros por CD.
  Seguramente pase por allí dentro de un año y el expositor no haya cambiado de fisonomía un ápice. Pero no me diga que el CD de gasolinera está en peligro de extinción a pesar de que internet haya mandado a los infiernos al boyante mercado discográfico. Nada de comprar por Amazon, iTunes o el Mediamarkt. La música se vende en la gasolinera. Por los siglos de los siglos.