sábado, 17 de mayo de 2014

Alta velocidad hacia el pasado

Según las estadísticas oficiales en más del 90% de los hogares españoles hay un microondas en la cocina. Según mi ojo de buen cubero en el 100% de los bares y restaurantes -ya sean de postín y estrella Michelín, carretera secundaria o de barrio humilde- hay un microondas tras la barra. Según Renfe en sus Ave y Alvia, esos trenes del presente que nos llevan al futuro y son imagen de la pujanza de España, no existen microondas para algo tan simple como calentar los biberones de sus miles y miles de bebés que viajan en ellos. ¿Lógico? Más bien no, ¿verdad?
  Hace unas pocas semanas mi mujer se acercó al vagón cafetería y pidió amablemente al camarero del Alvia Cádiz-Madrid que calentase el biberón de nuestro bebé. Este se negó en rotundo de malas maneras contando que estaba harto de hacerlo ese día de regreso de las vacaciones de Semana Santa. Mi pareja puso una queja en Renfe y escribió una carta al director que fue publicada por El País
   Hace unos pocos días en casa se recibió sobre esta queja una respuesta oficial de Renfe firmada por Juan Manuel Amat, del Centro de Atención Postventa -como si mi esposa hubiese comprado el Alvia y llevado a reparar, oiga-.
  La carta de respuesta no tiene desperdicio: siete párrafos que en su mayoría valen para cualquier reclamación. Además, todo lleno de palabras huecas y que no dicen nada de nada. ¿Dan una solución? Por supuesto que no. Se limitan a contar que han pasado "copia" al "departamento correspondiente" -ni se dice cuál es- "para su conocimiento y conveniente valoración". O sea, hacemos como que quedamos bien respondiendo al cliente.
   Lo mejor de todo viene cuando se defienden por no llevar un simple microondas -o el electrodoméstico que sea, da igual- para calentar la comida de los bebés que también son sus clientes. ¿O quizá la clave radica en que como no pagan billete si no ocupan asiento son ciudadanos de tercera...? Al grano. Dice la carta que su cafetería en los trenes trabaja con un servicio de catering "al no poder disponer de la infraestructura necesaria para un servicio a la carta". Para Renfe, ya lo ve, tener un microondas a bordo o pedir calentar la comida de un bebé viene a ser un servicio a la carta. Pues nada chicos, ánimo. Tenéis de todo a bordo: prensa, bebidas alcohólicas, sándwiches, chocolatinas, batidos, auriculares y pelis gratis, varios canales de música....alcanzáis los 300 km/hora, tenéis una puntualidad que para sí quisieran los británicos... pero para calentar la comida de los recién nacidos estáis a la altura del tercer mundo. 

viernes, 2 de mayo de 2014

Cementerio de canales




España es un Estado de Derecho. Y lo es para todos. También para las empresas, ya sea el ultramarinos del barrio o una multinacional muchimillonaria. En unos días, si nada ni nadie lo remedia, echarán la persiana 9 canales de la TDT. Unos más conocidos y otros menos por los espectadores, ninguno por supuesto de los de referencia sino más bien los hermanos pobres del mando a distancia. Una medida que afecta a Atresmedia, Mediaset, Vocento y Unidad Editorial. A casi todos. Resumiendo, el gobierno de Zapatero lo hizo mal en 2010 a la hora de repartir los canales de la entonces nueva TDT y ahora tiene que apechugar con el marrón el ejecutivo de Rajoy tras una sentencia del Tribunal Supremo. 
   España, además de un Estado de Derecho, es un país donde la legislación audiovisual parida desde la muerte de Franco se caracteriza por liar aún más todo lo anterior y no resolver prácticamente nada. Cuando nació la actual Ley General del Audiovisual con Zapatero se creyó erróneamente que se había dado con la solución mágica y beatífica para el nuevo siglo y más allá. Y nada de eso. Apenas con dos años de vida tenemos este nuevo fregado a la vista y la TVE sin publicidad –bienvenida sea- no ha arreglado los males endémicos de la financiación de la tele pública. Y ahí seguimos hasta que la próxima ley audiovisual arregle lo que desarregló la anterior.
   No entre al trapo de los dueños de los canales que podrían cerrar: la medida adoptada por el Gobierno vía judicial no es un ataque a la libertad de expresión ni nada por el estilo. Los principales afectados –los dueños de Antena 3 y Telecinco- no van a tener que pedir limosna en la calle. Lejos de eso, estas dos empresas privadas siguen dando beneficios –y mucho- incluso en lo peor de la crisis. Por tanto, ni su futuro ni sus presupuestos positivos peligran. Y menos aún puestos de trabajo, a la vista del corta y pega de las programaciones de los canales que cerraran –si no lo remedia el recurso al Constitucional-. Las teles privadas son un auténtico y magnífico lobby de presión ante cualquier gobierno, por lo que no se sorprenda si todo queda en una tormenta de primavera. Porque andamos a las puertas de unas elecciones –aunque europeas y de segunda división- y ya se sabe que la relación de las empresas televisivas con el poder y viceversa bascula mucho en función de esta variable. Estas teles se están fajando para crear artificialmente un clima de opinión contrario al previsible desenlace a negro. Y, claro, los de Mediaset-Telecinco se han pasado como siempre dos pueblos con un spot en defensa de su propio ombligo. En el anuncio una familia española es atropellada por un coche idéntico a los que usan los ministros y que circula a toda leche con escolta policial. Muy feo como ya han denunciado los colectivos en defensa de las víctimas de accidentes de tráfico.
   Sin embargo, el espectador de sofá que sigue apostando por la televisión frente a otro entretenimiento no comprende muy bien estas peleas de empresas, gobiernos y unas leyes que supuestamente se promulgan a su favor. Porque es incomprensible del todo punto que esta cancelación de canales llegue a una oferta que es al menos de calidad y que, sin embargo, sigan emitiendo su oferta toda una panoplia de emisiones de teletienda, echadores de cartas y adivinos que son una auténtica vergüenza televisiva nacional. Esos canales seguirán mostrando que la TDT ha traído cutrerío más que otra cosa al mando.
   Y como no hay nunca mal que por bien no venga, la posible defunción de La Sexta 3 sería una condena merecida por haber maltratado sin piedad durante los últimos años a su audiencia atropellando las películas con eternos, numerosos e incomprensibles cortes publicitarios.
   PD. Hace año y medio Canal 2 Andalucía desapareció por cuestiones presupuestarias y, que se sepa, la decisión no ha desembocado en manifestaciones multitudinarias y disturbios callejeros, ingresos hospitalarios de sus espectadores o en una merma de la libertad de expresión de su exigua audiencia.