jueves, 21 de agosto de 2014

Calle de Jordi Pujol, de momento

Breve apunte sobre Jordi Pujol, el muy honorable con sus millones a buen recaudo desde hace décadas. No está siendo precisamente su verano desde que el pasado 25 de julio cantó la gallina de sus dineros al margen de la Hacienda pública. Esta semana hemos conocido que el ex president de la Generalitat de Cataluña ha devuelto la medalla de oro que le concedió en 1992 el Ayuntamiento de Barcelona.
 
 
¿Existen calles -carrer, en catalán- bautizadas con el nombre de Jordi Pujol? Con la ayuda inestimable del Street View de Google damos con dos vías que llevan este nombre, se supone que en honor del hombre que durante tantos años ha expedido certificados de ética a diestro mientras su siniestra estaba a otra cosa. Ambas calles están ubicadas en ciudades de Lérida y Gerona: Bonmatí y Benavent de Segrià. No son calles muy lustrosas o de empaque, dicho quede. Ambas tienen pinta de haber sido levantadas e inauguradas durante la etapa del pelotazo urbanístico. Quizá en breve corran la misma suerte que la calle dedicada a los duques de Palma en la capital balear. Porque la memoria histórica del pueblo catalán, especialmente, no olvidará jamás la tarde noche del 25 de julio de 2014 y el comunicado-confesión de Pujol.

martes, 19 de agosto de 2014

Once contra once a las once

Andrew Rector es un vendedor de coches en Estados Unidos. Hace apenas un mes compró una entrada para ver el partido de béisbol que jugaron una tarde los Yankees de Nueva York contra los Red Sox de Chicago. El soponcio del juego, la modorra, la hora o vaya usted a saber hizo que el pobre de Andrew cayera en brazos de morfeo. Allí estaba una cámara de televisión de la cadena deportiva ESPN para enfocarle y llevar su imagen durmniente a todo el país, aderezada por los chistes malos que de la escena virtieron los narradores del choque.
   A Andrew aquello no le cayó nada bien. Menos aún al ver que el video de su siesta era visitado en youtube por miles de personas para mofarse de la escena y que varios periódicos llevaron la imagen a sus páginas. Tan poca gracia le hizo que ha demandado a la ESPN, a los comentaristas, a la liga de béisbol y a los Yankees, a los que reclama nada menos que 10 millones de dólares por atentado contra su honor y su imagen.
  Esta noche en el Santiago Bernabéu habrá lleno a reventar y casi 80.000 espectadores en sus gradas para presenciar el Real Madrid-Atlético de Madrid, partido de ida de la supercopa. El encuentro empieza a las 23.00 horas por lo que, retrasos y minutos de descuento incluidos, el balón rodará hasta casi la 01.00 de la madrugada de mañana miércoles. Un horario imposible que echa a los niños del fútbol y que provocará que más de uno se quede frito ante la tele. Si está en el Bernabéu y le atrapa Morfeo, sueñe con que le capten en directo las cámaras de TVE. Ya sabe, Andrew anda reclamando 10 millones en los tribunales de EEUU.

jueves, 7 de agosto de 2014

Esto ya no es lo que era

Viajar en tren es un placer, siempre que Renfe no se empeñe en lo contrario. Este pasado mes de julio, como hace justo ahora 6 años, he viajado a Lisboa en un coche cama de gran clase a bordo del Lusitania, el trenhotel nocturno que conecta Madrid-Chamartín con Lisboa-Santa Apolonia. Un trayecto que dura toda la noche para apearse en el centro de capital portuguesa con los primeros rayos de sol del día.
   Hace 6 años el viaje fue un placer, ahora un placer venido a menos. ¿Y eso? Muy sencillo. Los de Renfe han bajado algo -sólo algo- el precio del billete a cambio de eliminar la cena y el desayuno que antes sí iban incluidos en la tarifa. Del coche restaurante de hace poco a un insulso y guarro coche cafetería que da grima visitar. Por un lado por el carácter arisco del camarero que atendía esa noche.
  Ya da un poco de nosequé entrar en el coche cafetería y tropezarse con la fregona con la que baldean el suelo y que, alguna vez, tuvo que ser de color amarillo. La cosa va a peor cuando la puerta abierta del lugar donde almacenan y preparan las bebidas y alimentos queda a la vista de cualquier viajero: unas cajas por alli, otras por allá, un pescado descongelándose encima de una encimera... No, aquello no es el Bulli y los de la guía Michelín no pasan por aquí.
  La señal más cutre de un lugar donde hasta hace pocos años se cenaba dignamente -y hasta románticamente- contemplando tras los cristales la noche de la sierra y al fondo el monasterio de El Escorial, se halla sobre el mostrador de la cafetería. Aquí está la prueba: un folio sucio, aceitoso, ajado, emborronado y asqueroso donde se oferta el menú para la cena. Sí, viéndolo entran ganas de pedir una coca cola y empezar dieta para irse a la cama sin comer.
  Definitivamente, cualquier tiempo pasado en Renfe sí pudo y fue mejor. Más aún recordando que en el mismo tren te daban un desayuno bufé espléndido al despertar y mientras las vías discurrían cerca del río Tajo para morir en Lisboa. Ahora uno se muere pero de tristeza.