lunes, 8 de junio de 2015

La chispa con sablazo de la vida

Un estadounidense llamado Pemberton inventó la Coca-Cola a finales del siglo XIX. Un cubano con raíces navarras de apellido Goizueta hizo de ella una compañía global a finales del siglo XX. En este siglo XXI, y al menos en España, a cualquier consumidor le pegan un sablazo a la hora de comprar una simple Coca-Cola en cualquier máquina de refrescos. No así en los hipermercados y supermercados, donde la lata de toda la vida anda por los 0,60 céntimos y la botella de plástico medio litro ronda los 0,80 céntimos.

 Pero otro cantar son las máquinas que venden la chispa de la vida situada en centros comerciales, estaciones de metro, de trenes, en medio de la calle o donde sea. Esta de aquí de la foto es lo más en tecnología ya que se asemeja a una tablet y es táctil. Está ubicada en un centro comercial a las afueras de Madrid y allí una Coca-Cola cuesta 1,50 euros el botellín de medio litro.
   A apenas 10 kilómetros de allí, en el zoo de Madrid, la cosa cambiar una barbaridad. El zoo de la capital no es precisamente un lugar con precios populares para las familias a la hora de pillar comida, un simple bocata, un refresco o un helado. En el zoo de Madrid ni ayudan a los padres y madres ni sus economías familiares y meten unos crujidos que paqué. ¿Cuánto cuesta una Coca-Cola en las máquinas de refrescos del zoológico madrileño? Pues apunte: 2,80 euros el mismo botellín que sale a 0,80 en el Carrefour y a 1,50 en el centro comercial. O, si tira de regla de tres, entre un 250% y un 86% más cara. Y, además, no es que salga muy fría de la máquina para el padre/madre que -estos sí- se quedan helados por un precio de atraco a la tres.


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