miércoles, 22 de julio de 2015

Navarra en su encrucijada

Viví cinco años en Pamplona pero nunca disfruté de los Sanfermines. ¿Qué cómo se come eso? Estudié allí a finales de los años 80 y principios de los 90 y, siendo de Cádiz, los exámenes finales de junio suponían el pistoletazo de salida para subir a dos trenes, cruzar España de arriba a abajo en casi 24 horas, y pisar la playa de mi pueblo natal. Donde se ponga el disfrute veraniego del viento fuerte de Levante que se quiten los miuras.
   Aterricé por primera vez en la capital Navarra en el verano de 1986, cuando se fraguaba el dúo dinámico de la corrupción: el socialista Gabriel Urralburu presidía el Gobierno foral y un cuasi-desconocido Luis Roldán ejercía como delegado del Gobierno, tarea que dejó ese mismo año para ser el flamante nuevo y primer civil nombrado como director general de la Guardia Civil.
  Para un gaditano acostumbrado a ver a la Guardia Civil circulando en Renault 4 latas, más bien entrados en años y sobrados en kilos, suponía un impacto visual comprobar cómo en Pamplona los agentes de la Benemérita circulaban en caravanas compuestas por varios vehículos 4x4 y tanquetas. Caravanas con  unos guardias civiles muy jóvenes, musculados, con chalecos antibalas y que custodiaban las cuatro esquinas del edificio de la sede de la Delegación del Gobierno parapetados tras Nissan Patrol subidos a la acera. Aquella parecía otra Guardia Civil. No en vano, el terrorismo etarra actuaba en aquellas tierras con su cobarde parafernalia habitual que incluía el ametrallamiento del director del Diario de Navarra a las puertas del periódico.
  En la Pamplona que he conocido este 2015 las ikurriñas han ganado la calle: pueblan ventanas de casas del casco viejo, nuevos barrios y ensanches de la ciudad en detrimento de la bandera de la Comunidad Foral, prácticamente acorralada en los mástiles de los edificios oficiales.
  Esta Navarra de julio de 2015 ha estrenado una presidenta, Uxue Barkos (Geroa Bai, una sucursal del PNV), que se define como abertzale y que con el apoyo de Podemos, EH-Bildu, Podemos e Izquierda Ezkerra ha desbancado dos décadas de gobiernos regionalistas de UPN, con PP y PSN como mudos testigos de una mudanza de poder. En el Ayuntamiento de Pamplona, cuarto y mitad pero con un alcalde de EH-Bildu que luce ikurriña en el balcón consistorial en el chupinazo para mayor gloria local.
   Navarra ha entrado en una etapa política nueva donde, desde el poder autonómico y local, la ikurriña y todo lo euskaldún intentarán cambiar la identidad navarra para acercarla e incorporarla al País Vasco por vías legales recogidas en la Constitución con la disposición transitoria cuarta. Todo un síntoma para una comunidad cuyo territorio un 30% más extenso que el vecino Euskadi donde apenas el 15% se expresa en euskera. El camino ha comenzado con Uxue Barkos, la política mejor valorada de España según el CIS -aunque el 81% de los encuestados por el propio CIS no la conozcan-. Los navarros empiezan a transitar por ese camino. En sus manos está empezar a desandarlo y defender una una Navarra con una identidad propia e inalterable o seguir una  hoja de ruta cuya brújula apunta a Euskadi. Hay quien mira hoy a Navarra con indisimulada expectación. Otros, con estupefacción.

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