lunes, 3 de agosto de 2015

Un metro cuadrado de nuestra vida

¿Qué hace a un periódico distinto y atractivo para el lector? Entre otras cosas, apostar en sus portadas por temas propios alejados de la política y cercanos a la gente aunque parezcan nimios e intrascendentes. Un ejemplo hoy en El País, que titula en su escaparate de papel 'La última cabina de España. Los 26.000 teléfonos públicos que quedan en el país comenzarán a desaparecer el próximo año'. Con un par, los de la calle de Miguel Yuste han arriesgado para atraer la atención de los lectores con el anzuelo de la nostalgia. Porque los otros asuntos de la primera plana son áridos y de nota: la enésima pelea palestino-israelí, el desafío independentista de Artur Mas, la crisis de inmigrantes en Europa o un plan medioambiental del presidente Obama, ¿Con qué tema de la portada se queda? Yo, con el de las cabinas.
   Dice la información que desde el año 2000 en las calles españolas han desaparecido 74.000 cabinas de teléfono y que la legislación provocará que se esfumen y se conviertan en una estampa del pasado desde el 31 de diciembre de 2016. Telefónica está obligada por ley a mantener hasta esa fecha una cabina por cada 3.000 habitantes en ciudades y al menos una en pueblos de 1.000 habitantes. Una norma superada por la tecnología y por los 50 millones de teléfonos móviles en manos de los españoles. Telefónica, que no tiene porqué entender de nostalgia y sí de beneficios, sabe que a día de hoy las 26.000 cabinas repartidas por España son deficitarias. Incluida la de esta foto, tomada el sábado en el centro de La Granja de San Ildefonso: sin puerta y algo abandonada, pero funcionando y dando señal como una campeona en su escaso metro cuadrado.
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  Y no se crea que las cabinas llevan ahí en las calles toda la vida, no. Están a punto de cumplir 50 años. Las primeras aparecen en Madrid capital -en el barrio de San Blas- a principios de 1966, como certifican estas imágenes del No-Do del 7 de febrero de ese año. En el paisaje urbano de Barcelona se estrenan el mismo año. "La primera cabina fue inaugurada -instalada en el paseo Nacional- por el alcalde José María Porcioles, que efectuó la primera llamada al Instituto de Maternología, a fin de felicitar a un policía municipal de las patrullas de la Barceloneta, que desde hacía pocos minutos era padre de una preciosa niña", según crónica del ABC del 18 de mayo de 1966. Una llamada a un recién nacido de una victima de la tecnología que prepara ya su esquela.
PD. Dedicado a Antonio Mercero, ex-jefe y amigo, Premio Emmy de la TV de EEUU por La cabina.

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