domingo, 20 de septiembre de 2015

Letra pequeña, grandes sablazos

Hubo un tiempo no muy lejano en el que alquilar un coche era solo para gente acomodada. El low cost -bendita bendición- ayudó ya hace unos años a democratizar esto del Rent a car. En España, los pioneros fueron los de Atesa, compañía estatal ahora absorbida por la empresa Enterprise. Al grano.
  Alquilar ahora un coche en nuestro país sale barato...pero con matices. Esos matices son, principalmente, una política de combustible donde te pegan un sablazo que ni los bandoleros de Sierra Morena en sus años de plenitud, y lo que hay que pagar por alquiler el coche con una sillita de bebé o niño, cosa obligatoria como marca la ley.
 De toda la vida, al alquiler un coche siempre te lo daban lleno de gasolina y uno tenía que devolverlo igual, caso contrario te pasaban factura. Lógico, ¿no le parece? Ahora, muchas compañías, te ofrecen una política de combustible que son lentejas, escondidas en la letra pequeña del último párrafo del contrato y que viene con sablazo de los de sí o sí. En resumen se trata de que el coche va lleno de gasolina y  la cobran, eso sí, con un recargo extra e inesperado de unos 20 euros. Esta puñalada trapera a la cartera intentan justificarla como gasto de servicio, como si su personal hubiera llenado el tanque en un gasolinera situada en la otra punta de la ciudad cuando, en el 99,9% de los casos, el surtidor está a tiro de piedra de la oficina de alquiler. Así que, la próxima vez que vaya a un Rent a car, vigile la política de combustible si no quiere recargos impresentables, dolorosos e injustos.
 Y medalla de oro al sablazo de las sillitas de bebé o niños si las necesita. Vienen a salir entre 8 y 12 euros por día y lo normal es que no te cobren más de 7 días para que la cosa no cante. Ejemplo práctico: alquilo un coche económico -un Fiat Panda- para tres días del Puente del Pilar. Me cobran 65 euros por el coche y, por las dos sillitas de mis hijos 72 euros. O sea, más que el propio alquiler del coche. Poco o nada lógico aunque legal.  Por supuesto, nada de descuentos por su uso habitual. Por supuesto, lentejas que tomas o dejas. Y, ya puestos, si para montarse en el coche un menor es obligatorio según  la ley viajar en sillita, ¿no debería la compañía de alquiler facilitarla gratis? Quien sabe si dentro de poco cobrarán el alquiler de los cinturones de seguridad traseros, por las esterillas, los chalecos y el triángulo de avería, el cenicero de los fumadores o por el uso de radio y el CD. Todo, a la hora de dar el sablazo, es ponerse.

No hay comentarios: