viernes, 16 de octubre de 2015

Medios privados, lejos de Podemos

Podemos tiene un problema con los medios de comunicación privados, los mismos que en España han destapado incansablemente durante toda la democracia los abusos de poder y la corrupción política que ha ayudado a encumbrar al partido de Pablo Iglesias. Por más que esfuerzo mi memoria no doy con un medio de comunicación público, ya sea televisión o radio estatal o autonómica, que haya descubierto alguno de los cientos de casos importantes de corrupción en nuestro país o un escándalo que haya puesto contra las cuerdas a un político gobernante. Y este 2015 se cumplirán 40 años de la muerte de Franco. Ya han llovido rotativas, boletines horarios y telediarios.
   Podemos y sus franquicias en los ayuntamientos no quieren ni en pintura a los medios de comunicación privados. Los morados sólo quieren los públicos, eso sí, moldeados a su imagen y semejanza para que pasen por independientes, objetivos y plurales, faltaría más. Un modelo que, no se engañe, es una continuación corregida y aumentada del control político sobre los medios públicos.
  Ahí tienen a Pablo Iglesias hablando sin tapujos de las bondades de ellos y, directamente, su opinión de rechazo abierto contra los privados. Algo que choca teniendo en cuenta que Iglesias nació en una tele privada con La Tuerka y que otra tele privada, La Sexta, es el altavoz más genuflexo que ha respaldado a los de Podemos antes incluso de su irrupción en las ultimas elecciones europeas. Luis Alegre viene a ser el Goebbels de Podemos que concede los visados de medios democráticos y medios enemigos. Su bautizo fue en 2007 cuando apoyó sin fisuras el cierre de Radio Caracas TV, cadena privada opositora a Hugo Chávez y que le cantaba las cuarenta al líder venezolano. El gobernante no le prorrogó la licencia de emisión aduciendo peregrinas acusaciones.
  En el Ayuntamiento de Madrid, su franquicia en el poder no disimula que no tiene en estima a los medios privados. Su primer flash para hacerlo constatar fue la creación de la web Madrid VO. Luego vino la propia alcaldesa, Manuel Carmena, mostrado su "inquietud" hacia los medios privados. Esta semana, su concejal de Economía y Hacienda se ha quedado a gusto y alertado de  que "todos los medios privados defienden a sus élites: los inversores". Sí, todo un descubrimiento.
   Los medios públicos, cuanto menos, mejor, y los privados, cuanto más, mejor para la calidad y salud de una democracia. En Podemos quizá no sepan que con Zapatero en el Gobierno puso a 0 el contador de la deuda de RTVE: cerca de 8.000 millones de euros. Una RTVE que arroja desde entonces cada año entorno a 100 millones de déficit a costa de los contribuyentes. Que la catalana TV3 también pasó por el mismo trance y que la Generalitat enjugó  hace apenas 9 años su deuda de 1.050 millones de euros. Que esta misma cadena, entregada al independentismo y donde el periodismo no está ni se le espera, cuesta a los ciudadanos catalanes unos 300 millones anuales. Lo mismo para el resto de canales autonómicos, que no han visto ni olido un beneficio desde que empezaron a nacer en 1982. 
   Desde entonces, las televisiones y radios públicas nos han costado un ojo de la cara. Seguramente mucho más de los 20.000 millones del pufo que nos ha dejado a los españoles la gestión nefasta de las cajas de ahorro. Esos medios público cuyas deudas caen en los bolsillos de los contribuyentes son los que arrulla Podemos. Los privados, esos que a duras penas salen de la crisis económica y publicitaria, son casta prescindible.

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