miércoles, 21 de octubre de 2015

Regreso al 21 de octubre de 2015

"¡El futuro es el año que viene, Ignacio!", me dijo muy sorprendido mi hijo Eduardo cuando en el verano de 2014 veía conmigo en televisión la película Regreso al futuro II. Y es que, como ya habrá visto y oído por muchos lados, en esa película Marty McFly viaja desde 1985 a un día justo como hoy de 2015 con Doc y su novia Jennifer a Hill Valley. Van a un futuro -ya constatado como irreal- donde los coches vuelan, los patinetes se suspenden en el aire o las cazadoras mojadas disponen de un sistema de autosecado.
   El futuro que vemos hoy al salir a la calle no ha dejado en pie casi ninguno de los avances que sospecharon en 1985 los guionistas de Regreso al futuro II; unos guionistas que lo bordaron en la primera parte pero que fueron destrozando el sueño de los cinéfilos y amantes de la primera entrega en las dos posteriores. Es más, en vez de coches voladores tenemos coches muy contaminantes y con fraude gracias a la tecnología alemana de los ingenieros de Volkswagen, una de cuyas furgonetas aparece en una de las escenas más recordadas de la película que abrió la saga.
 Quizá tendría que elegir para quedar bien una obra maestra de arte y ensayo de un cineasta moldavo, pero Regreso al futuro es una o quizá y seguramente la película de mi vida. La habré visto más que mi hija Claudia Frozen y Bambi y más aún que mi mujer Paty Dirty dancing. Así ha sido desde que la alquilé en una cinta pirata en formato VHS y a cambio de 200 pesetas en el video club de mi Puerto de Santa María. Sería 1986, antes de que la estrenasen en los cines de mi ciudad. Porque en los '80 las películas de estreno llegaban a la cartelera con al menos un año de retraso desde el estreno en Madrid. Allí en aquel videoclub de playa te la soltaban de extranjis bajo el mostrador, porque entonces no existían los manteros y el DVD andaba en fase embrionaria.
  Además de la historia y los personajes, siempre me  fascinó la imagen del coche deportivo de Regreso al futuro: un DeLorean DMC-12. Un vehículo maldito y fracasado de la industria automovilística. En su fábrica de Irlanda del Norte se construyeron entre 1981 y 1982 apenas 10.000 unidades de las, como mínimo, 30.000 previstas. Una vida efímera para un coche que es un trozo de la historia del motor. Un coche que, hoy en día, puede comprarse nuevo como salido de fábrica. Esos 20.000 DeLorean que no se ensamblaron por caer la empresa en bancarrota -sus chasis, piezas, motores, salpicaderos...- se subastaron al mejor postor. Y ese mejor postor se llevó la mercancía a Estados Unidos, el país donde nació la idea de su construcción gracias a John DeLorean, un ex jefazo de la General Motors de Detroit que pasó de la gloria al barro en un abrir y bajar las puertas de gaviota de su criatura motorizada. La DeLorean Motor Company está situada en Texas y por unos 50.000 dólares te envuelven para regalo un auténtico DeLorean, incluso con los gadgets de Regreso al futuro. Una película y un coche para soñar  en este este 21 de octubre de 2015 del futuro escrito en el siglo XX.
PD. Y apunte para periodistas. En Regreso al futuro II Marty ojea una portada del periódico USA Today del 21 de octubre de 2015 donde se recogen noticias que tampoco se han hecho realidad: la visita de la reina Diana de Inglaterra a Washington, que el colesterol puede curar el cáncer o que una mujer es presidenta de Estados Unidos. Ese USA Today, por supuesto, es en papel, no en edición digital. Y el precio impreso en la portada de 2015 -6 dólares- cuando el rotativo se oferta en la actualidad a 38 centavos y hasta a 25 céntavos de dólar el ejemplar. La crisis de la prensa no fue tampoco prevista por los encargados del guión.

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