jueves, 26 de noviembre de 2015

Ni con Zotal nos libramos de Franco

Concéntrese. Relájese. Ponga la mente en blanco y piense para responder correctamente esta pregunta: ¿Qué tema ha salido a la palestra en absolutamente todas las campañas electorales -de generales, autonómicas, europeas y locales- ha sido foco de debate, y arma arrojadiza entre partidos políticos desde la recuperación de la democracia en España? Mientras piensa, le recuerdo que han pasado cerca de 40 años desde entonces y que raro es el año en el que la población no es llamada a las urnas. ¿ No cae aún...?
  Pues sí. Franco, la dictadura y el franquismo, en todas su vertientes posibles e imaginables. Y ya, posiblemente, esté bien y toque parar. A esa etapa negra de una España sin libertades y salida de un golpe de estado y una Guerra civil le dimos carpetazo con una reforma política, aprobando una Constitución democrática, levantando el estado de las autonomías, entrando en Europa y la OTAN, aprobando el divorcio, legislando sobre el aborto, los matrimonios gay, la ley antitabaco....y la madre que lo parió.
  Pues nada. Como una pesadilla o una plaga que ni con Zotal se elimina, volvemos a poner a Franco en el argumentario de la campaña electoral que anda a punto de echar a andar. Ahora con la percha del 40 aniversario de su muerte y con las calles que deben eliminar los nombres relacionados con el franquismo en cumplimiento de la ley estatal en vigor desde hace casi una década.
  En Madrid hay quien incluye entre las vías que hay que rebautizar la dedicada a uno de los dos grandes escritores nacidos en El Puerto de Santa María, mi ciudad natal: Pedro Muñoz Seca, el de La venganza de don Mendo. Un autor teatral de éxito que murió fusilado apenas cuatro meses después de iniciada la barbarie de nuestra Guerra civil. Muñoz Seca tiene calle dedicada en El Puerto, donde nació en 1879. El otro gran escritor portuense es Rafael Alberti, que vino al mundo en 1903. Ambos estudiaron en el colegio San Luis Gonzaga, de los jesuitas, donde pasé 11 años de mi vida entre libros desde párvulos hasta el final de la extinta EGB. Allí fui testigo de la visita que hizo al colegio Alberti cuando regresó a la ciudad del Guadalete, la de su arboleda perdida, tras poner fin a su exilio forzado. El poeta de la Generación del 27 tiene una avenida en su honor en El Puerto, separada por apenas 1,5 kilómetros de la del creador del astracán. Muñoz Seca luce en un teatro municipal con su nombre y una fundación alicaída y moribunda, Alberti reluce en una gran Fundación, venida a menos por serios problemas económicos, y en una estatua en la travesía de la antigua Nacional IV.
  Muñoz Seca y Alberti también tienen calle y avenida, respectivamente, en Madrid, mi ciudad de adopción. Separados por un abismo ideológico pero por apenas 6 kilómetros de distancia en la toponimia del callejero municipal. La de Muñoz Seca discurre justo enfrente  y a tiro de piedra de la flamante sede del Ayuntamiento de Madrid. Un autor teatral y un poeta universal. Un monárquico liberal y católico y un comunista ateo. Los dos crecieron en las mismas calles y estudiaron en el mismo colegio pero uno de ellos tiene pinta que va a quedarse sin calle en Madrid al considerarle algunos un escritor cercano un franquismo que nunca vivió.
  Propongo que la dictadura de Franco deje, por ley, de ser arma arrojadiza en campaña electoral bajo pena de multa y que su lugar lo ocupe otra dictadura, la de Primo de Rivera. Este nació en Jerez de la Frontera y es proverbial el cariño afectuoso que los nacidos en El Puerto de Santa María -como Muñoz Seca, Alberti y servidor- sienten por todo lo que venga de nuestra queridísima y vecina ciudad.
 
 

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