martes, 30 de junio de 2015

Lo quiero terminado para mañana

Los responsables del Libro Guinness de los récords mundiales ya se han puesto en contacto con la Junta de Andalucía para confirmar los datos aparecidos hoy en la prensa gaditana sobre la inauguración del desdoblamiento de un tramo de la carretera A-491 El Puerto de Santa María-Rota. Ayer los dirigentes políticos del gobierno andaluz y del ayuntamiento portuense -con el consejero de Fomento abriendo paseíllo- montaban un acto  y convocaban a la prensa de buena parte de al provincia para presentar la nueva  infraestructura que se abría al tráfico. Sacaban pecho y propaganda.....para vender el fin de unas obras que empezaron en 2009 -hace más de seis años- para desdoblar apenas 9 míseros kilómetros de carretera. Para completar el sainete -no en vano el genial Pedro Muñoz Seca nació en El Puerto-, a los trabajos les quedan aún unos remates; lo que se traduce en que todavía aquello no ha terminado y seguirán operarios a pie de arcén molestando a los automóviles. 
   
Y, para traca final, a la A-491 aún le quedan unos 5 kilómetros de desdoblamiento que aún ni siquiera han sido adjudicados y que andan en fase de proyecto.Repetimos y resumimos por si no ha caído aún en la cuenta: más de 6 años de obra para desdoblar apenas 9 kilómetros de carretera, a la que aún le quedan 5 kilómetros por desdoblar, lo que sale a una media de 1,5 kilómetros por cada año que han durado los trabajos.Queda un consuelo: que los responsables de esta obra pública no se encargasen en los años 80 de duplicar la Autovía A-4 Madrid-Sevilla. Porque, a esa velocidad de crucero de 1,5km/al año habrían tardado apenas 283 años en culminar el trabajo. Y casi tres siglos, ya se sabe, pasan volando.
PD. Y, para cum laude, lo de organizar el acto con la prensa en la propia carretera para crear un atascazo de coches y colas de sufridos conductores que no han tenido bastante con 6 largos años de obras.

lunes, 15 de junio de 2015

Cajeros sin billetes

En la España de 1974, un año antes de que muriese Franco, se instalaba el primer cajero automático de nuestro país. No, no fue en Madrid, sino en la cercana Toledo, en la fachada de la oficina del Banco Popular. Ahí lo tiene luciendo lustroso en la foto de abajo. Lo hacia siete años después de que en una oficina del Barclays Bank de Londres se inaugurase el primer cajero automático del mundo, inventado por un ingeniero británico llamado John Sheperd.
   Como siempre en estos casos, una necesidad dio con un avance tecnológico. El tal Sheperd se puso manos a la obra tras cogerse un cabreo monumental:  tras ir a su banco a sacar dinero de urgencia, vio como éste se encontraba ya cerrado y sin posibilidad de extraer dinero de su cuenta corriente. Los  primeros cajeros automáticos de mi pueblo gaditano que recuerdo son de mediados de los años 80 y pertenecían a la red de la ya extinta Caja de Ahorros de Cádiz. Se podían extraer billetes de 1.000, 2.000 y 5.000 pesetas.
 En la España de 2015 existen unos 55.000 cajeros de bancos diseminados por las calles y centros comerciales. Entre tarjetas de débito y de crédito, los españolitos atesoran unos 60 millones de unidades del dinero de plástico. Lo que no tiene sentido es que ningún cajero en España -que se sepa- expida billetes de 5 y 10 euros, sólo de 20 euros en adelante. ¿Por qué? Son billetes de curso legal, como los demás, y es dinero que tenemos en nuestra cuenta corriente o de ahorro. Si mi banco no me cobra comisiones -o sí- por sacar dinero del cajero ¿por qué demonios no me facilita que pueda extraer la cantidad que quiera en billetes de 5 y 10 euros? No será porque la tecnología actual lo impida. Tampoco es una medida que sea en principio gravosa para las entidades bancarias. Sólo hace falta que quieran para que se pueda llevar a la práctica.
   Quizá es que en los bancos hay todavía mucho directivo del Cretácico, como aquel del Banco de Bilbao, que al enterarse de que iba a implantar el dinero de plástico y los cajeros, soltó con solemnidad e incredulidad: "¿Y vamos a dar dinero con una tarjetita?". Billetes de 5 y 10 euros en los cajeros, señores banqueros. Es dinero. Y es nuestro dinero.

lunes, 8 de junio de 2015

La chispa con sablazo de la vida

Un estadounidense llamado Pemberton inventó la Coca-Cola a finales del siglo XIX. Un cubano con raíces navarras de apellido Goizueta hizo de ella una compañía global a finales del siglo XX. En este siglo XXI, y al menos en España, a cualquier consumidor le pegan un sablazo a la hora de comprar una simple Coca-Cola en cualquier máquina de refrescos. No así en los hipermercados y supermercados, donde la lata de toda la vida anda por los 0,60 céntimos y la botella de plástico medio litro ronda los 0,80 céntimos.

 Pero otro cantar son las máquinas que venden la chispa de la vida situada en centros comerciales, estaciones de metro, de trenes, en medio de la calle o donde sea. Esta de aquí de la foto es lo más en tecnología ya que se asemeja a una tablet y es táctil. Está ubicada en un centro comercial a las afueras de Madrid y allí una Coca-Cola cuesta 1,50 euros el botellín de medio litro.
   A apenas 10 kilómetros de allí, en el zoo de Madrid, la cosa cambiar una barbaridad. El zoo de la capital no es precisamente un lugar con precios populares para las familias a la hora de pillar comida, un simple bocata, un refresco o un helado. En el zoo de Madrid ni ayudan a los padres y madres ni sus economías familiares y meten unos crujidos que paqué. ¿Cuánto cuesta una Coca-Cola en las máquinas de refrescos del zoológico madrileño? Pues apunte: 2,80 euros el mismo botellín que sale a 0,80 en el Carrefour y a 1,50 en el centro comercial. O, si tira de regla de tres, entre un 250% y un 86% más cara. Y, además, no es que salga muy fría de la máquina para el padre/madre que -estos sí- se quedan helados por un precio de atraco a la tres.