miércoles, 12 de agosto de 2015

Manos arriba, esto es un surtidor

Volvemos a un tema recurrente para Breikin Nius: cómo cuando sube el petróleo y de forma inmediata esta alza pasa al precio de la gasolina del surtidor pero, cuando la cotización del oro negro cae el surtidor amortigua esa reducción pausadamente y sin prisas. Es lo que los expertos en la cosa llaman el efecto cohete y el efecto pluma. Como siempre, el consumidor ejerce de pagano. Pagano que paga. Vayamos a los datos oficiales para ver cómo, en puertas del inicio de la Operación salida de la Virgen de Agosto, las gasolinas y gasóleos tienen unos precios que no se corresponden con la cotización a la baja del precio del crudo en los mercados internacionales. Por supuesto, para beneficio de las petroleras en detrimento del bolsillo de los millones de conductores españoles que intentan salir de la crisis económica.
 Hace hoy justo un año el barril de petróleo Brent se cotizaba en 103 dólares, esta mañana lo hace a 49 dólares. La debacle del precio es superior al 50%. Pues bien, hace un año en España el litro de gasolina Eurosúper 95 era de 1,41 euros. ¿Sabe a cuánto está hoy el litro? No, no me diga que a la mitad como habría que suponer tirando de matemáticas simples. No, tampoco ha bajado un 25%. ¿Menos de un 20% de reducción a pesar del descalabro del precio del petróleo en un año? Pues sí. La gasolina de 95 se paga hoy en nuestro país a 1,25 euros el litro, lo que supone apenas un 15% menos que hace justo un año. Situación casi idéntica para el gasóleo. ¿Injusto? Parece que sí, aunque las petroleras se escudarán en el cambio del dólar-euro, la volatilidad del aire, el impuesto tal del cual, la inversión en logística hidrocarburera o la madre que les parió. Ya que se cachondean de los consumidores, prefiero ésta última posibilidad: la madre que los parió.

lunes, 3 de agosto de 2015

Un metro cuadrado de nuestra vida

¿Qué hace a un periódico distinto y atractivo para el lector? Entre otras cosas, apostar en sus portadas por temas propios alejados de la política y cercanos a la gente aunque parezcan nimios e intrascendentes. Un ejemplo hoy en El País, que titula en su escaparate de papel 'La última cabina de España. Los 26.000 teléfonos públicos que quedan en el país comenzarán a desaparecer el próximo año'. Con un par, los de la calle de Miguel Yuste han arriesgado para atraer la atención de los lectores con el anzuelo de la nostalgia. Porque los otros asuntos de la primera plana son áridos y de nota: la enésima pelea palestino-israelí, el desafío independentista de Artur Mas, la crisis de inmigrantes en Europa o un plan medioambiental del presidente Obama, ¿Con qué tema de la portada se queda? Yo, con el de las cabinas.
   Dice la información que desde el año 2000 en las calles españolas han desaparecido 74.000 cabinas de teléfono y que la legislación provocará que se esfumen y se conviertan en una estampa del pasado desde el 31 de diciembre de 2016. Telefónica está obligada por ley a mantener hasta esa fecha una cabina por cada 3.000 habitantes en ciudades y al menos una en pueblos de 1.000 habitantes. Una norma superada por la tecnología y por los 50 millones de teléfonos móviles en manos de los españoles. Telefónica, que no tiene porqué entender de nostalgia y sí de beneficios, sabe que a día de hoy las 26.000 cabinas repartidas por España son deficitarias. Incluida la de esta foto, tomada el sábado en el centro de La Granja de San Ildefonso: sin puerta y algo abandonada, pero funcionando y dando señal como una campeona en su escaso metro cuadrado.
.
  Y no se crea que las cabinas llevan ahí en las calles toda la vida, no. Están a punto de cumplir 50 años. Las primeras aparecen en Madrid capital -en el barrio de San Blas- a principios de 1966, como certifican estas imágenes del No-Do del 7 de febrero de ese año. En el paisaje urbano de Barcelona se estrenan el mismo año. "La primera cabina fue inaugurada -instalada en el paseo Nacional- por el alcalde José María Porcioles, que efectuó la primera llamada al Instituto de Maternología, a fin de felicitar a un policía municipal de las patrullas de la Barceloneta, que desde hacía pocos minutos era padre de una preciosa niña", según crónica del ABC del 18 de mayo de 1966. Una llamada a un recién nacido de una victima de la tecnología que prepara ya su esquela.
PD. Dedicado a Antonio Mercero, ex-jefe y amigo, Premio Emmy de la TV de EEUU por La cabina.