martes, 27 de octubre de 2015

Confundir lo público con lo privado

¿Se imagina a Mariano Rajoy colgando en la página web del Palacio de la Moncloa el programa electoral del Partido Popular. ¿Se imagina a Susana Díaz utilizando los recursos públicos del portal de la Junta de Andalucía en la Red para colgar su acuerdo de gobierno para esta legislatura con Ciudadanos? No, ¿verdad? El escándalo y el cachondeo que generarían sería mayúsculo. Se trata de acuerdos o documentos internos de partidos políticos y pertenecen única y exclusivamente a ellos y a su ámbito privado. Lo contrario sería utilizar medios y herramientas públicas de las instituciones al servicio de las actividades de partidos políticos.
   Pues bien, el tripartito que gobierna en el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, en Cádiz, cree que la web del Consistorio es suya y algo así como el tablón de anuncios de sus respectivos partidos políticos. Y con esta idea equivocada y errónea no se han cortado un pelo y desde el minuto 1 de la nueva legislatura han colgado en la portada de la web del Ayuntamiento su "Pacto y programa de gobierno progresista y social El Puerto de Santa María 2015-19". PSOE, Levantemos El Puerto -la franquicia local de Podemos- e Izquierda Unida no se cortan un pelo y afirman en la web que el electorado de la ciudad ha apostado en las urnas por una "mayoría por progresista" que, eso sí, no ganó las elecciones municipales y que se quedó a 4 puntos del 50% de los votos.
    Utilizar la web del Ayuntamiento de la ciudad para difundir un acuerdo privado entre partidos no es para nada ético, cuanto menos alegal y lleva impregnado un tufo despótico y de ordeno y mando. Es confundir lo público con lo privado, aún más alarmante cuando lo perpetran los supuestos defensores de todo lo público. Siguiendo esta doctrina, el PP portuense, Ciudadanos o el PA tendrían todo el derecho del mundo para subir y difundir a través de la portada de la web municipal toda la información que quisieran. Y todos los comercios portuenses publicitar sus negocios o cualquier particular publicar en la web lo que le viniera en gana. Manuel Fraga siempre negó haber dicho aquello de "la calle es mía" pero el tripartito de El Puerto se cree que la web municipal sí es suya. A menos que paguen una tarifa por tener colgado ahí su documento, ya están tardando para eliminarlo y hacerlo desaparecer del portal del Ayuntamiento de todos los portuenses. Del 100% de los portuenses.
PD. Y, de remate, colocando en la web el documento del tripartito añadiendo el logotipo de la imagen corporativa del Ayuntamiento. Con un par.

 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Regreso al 21 de octubre de 2015

"¡El futuro es el año que viene, Ignacio!", me dijo muy sorprendido mi hijo Eduardo cuando en el verano de 2014 veía conmigo en televisión la película Regreso al futuro II. Y es que, como ya habrá visto y oído por muchos lados, en esa película Marty McFly viaja desde 1985 a un día justo como hoy de 2015 con Doc y su novia Jennifer a Hill Valley. Van a un futuro -ya constatado como irreal- donde los coches vuelan, los patinetes se suspenden en el aire o las cazadoras mojadas disponen de un sistema de autosecado.
   El futuro que vemos hoy al salir a la calle no ha dejado en pie casi ninguno de los avances que sospecharon en 1985 los guionistas de Regreso al futuro II; unos guionistas que lo bordaron en la primera parte pero que fueron destrozando el sueño de los cinéfilos y amantes de la primera entrega en las dos posteriores. Es más, en vez de coches voladores tenemos coches muy contaminantes y con fraude gracias a la tecnología alemana de los ingenieros de Volkswagen, una de cuyas furgonetas aparece en una de las escenas más recordadas de la película que abrió la saga.
 Quizá tendría que elegir para quedar bien una obra maestra de arte y ensayo de un cineasta moldavo, pero Regreso al futuro es una o quizá y seguramente la película de mi vida. La habré visto más que mi hija Claudia Frozen y Bambi y más aún que mi mujer Paty Dirty dancing. Así ha sido desde que la alquilé en una cinta pirata en formato VHS y a cambio de 200 pesetas en el video club de mi Puerto de Santa María. Sería 1986, antes de que la estrenasen en los cines de mi ciudad. Porque en los '80 las películas de estreno llegaban a la cartelera con al menos un año de retraso desde el estreno en Madrid. Allí en aquel videoclub de playa te la soltaban de extranjis bajo el mostrador, porque entonces no existían los manteros y el DVD andaba en fase embrionaria.
  Además de la historia y los personajes, siempre me  fascinó la imagen del coche deportivo de Regreso al futuro: un DeLorean DMC-12. Un vehículo maldito y fracasado de la industria automovilística. En su fábrica de Irlanda del Norte se construyeron entre 1981 y 1982 apenas 10.000 unidades de las, como mínimo, 30.000 previstas. Una vida efímera para un coche que es un trozo de la historia del motor. Un coche que, hoy en día, puede comprarse nuevo como salido de fábrica. Esos 20.000 DeLorean que no se ensamblaron por caer la empresa en bancarrota -sus chasis, piezas, motores, salpicaderos...- se subastaron al mejor postor. Y ese mejor postor se llevó la mercancía a Estados Unidos, el país donde nació la idea de su construcción gracias a John DeLorean, un ex jefazo de la General Motors de Detroit que pasó de la gloria al barro en un abrir y bajar las puertas de gaviota de su criatura motorizada. La DeLorean Motor Company está situada en Texas y por unos 50.000 dólares te envuelven para regalo un auténtico DeLorean, incluso con los gadgets de Regreso al futuro. Una película y un coche para soñar  en este este 21 de octubre de 2015 del futuro escrito en el siglo XX.
PD. Y apunte para periodistas. En Regreso al futuro II Marty ojea una portada del periódico USA Today del 21 de octubre de 2015 donde se recogen noticias que tampoco se han hecho realidad: la visita de la reina Diana de Inglaterra a Washington, que el colesterol puede curar el cáncer o que una mujer es presidenta de Estados Unidos. Ese USA Today, por supuesto, es en papel, no en edición digital. Y el precio impreso en la portada de 2015 -6 dólares- cuando el rotativo se oferta en la actualidad a 38 centavos y hasta a 25 céntavos de dólar el ejemplar. La crisis de la prensa no fue tampoco prevista por los encargados del guión.

viernes, 16 de octubre de 2015

Medios privados, lejos de Podemos

Podemos tiene un problema con los medios de comunicación privados, los mismos que en España han destapado incansablemente durante toda la democracia los abusos de poder y la corrupción política que ha ayudado a encumbrar al partido de Pablo Iglesias. Por más que esfuerzo mi memoria no doy con un medio de comunicación público, ya sea televisión o radio estatal o autonómica, que haya descubierto alguno de los cientos de casos importantes de corrupción en nuestro país o un escándalo que haya puesto contra las cuerdas a un político gobernante. Y este 2015 se cumplirán 40 años de la muerte de Franco. Ya han llovido rotativas, boletines horarios y telediarios.
   Podemos y sus franquicias en los ayuntamientos no quieren ni en pintura a los medios de comunicación privados. Los morados sólo quieren los públicos, eso sí, moldeados a su imagen y semejanza para que pasen por independientes, objetivos y plurales, faltaría más. Un modelo que, no se engañe, es una continuación corregida y aumentada del control político sobre los medios públicos.
  Ahí tienen a Pablo Iglesias hablando sin tapujos de las bondades de ellos y, directamente, su opinión de rechazo abierto contra los privados. Algo que choca teniendo en cuenta que Iglesias nació en una tele privada con La Tuerka y que otra tele privada, La Sexta, es el altavoz más genuflexo que ha respaldado a los de Podemos antes incluso de su irrupción en las ultimas elecciones europeas. Luis Alegre viene a ser el Goebbels de Podemos que concede los visados de medios democráticos y medios enemigos. Su bautizo fue en 2007 cuando apoyó sin fisuras el cierre de Radio Caracas TV, cadena privada opositora a Hugo Chávez y que le cantaba las cuarenta al líder venezolano. El gobernante no le prorrogó la licencia de emisión aduciendo peregrinas acusaciones.
  En el Ayuntamiento de Madrid, su franquicia en el poder no disimula que no tiene en estima a los medios privados. Su primer flash para hacerlo constatar fue la creación de la web Madrid VO. Luego vino la propia alcaldesa, Manuel Carmena, mostrado su "inquietud" hacia los medios privados. Esta semana, su concejal de Economía y Hacienda se ha quedado a gusto y alertado de  que "todos los medios privados defienden a sus élites: los inversores". Sí, todo un descubrimiento.
   Los medios públicos, cuanto menos, mejor, y los privados, cuanto más, mejor para la calidad y salud de una democracia. En Podemos quizá no sepan que con Zapatero en el Gobierno puso a 0 el contador de la deuda de RTVE: cerca de 8.000 millones de euros. Una RTVE que arroja desde entonces cada año entorno a 100 millones de déficit a costa de los contribuyentes. Que la catalana TV3 también pasó por el mismo trance y que la Generalitat enjugó  hace apenas 9 años su deuda de 1.050 millones de euros. Que esta misma cadena, entregada al independentismo y donde el periodismo no está ni se le espera, cuesta a los ciudadanos catalanes unos 300 millones anuales. Lo mismo para el resto de canales autonómicos, que no han visto ni olido un beneficio desde que empezaron a nacer en 1982. 
   Desde entonces, las televisiones y radios públicas nos han costado un ojo de la cara. Seguramente mucho más de los 20.000 millones del pufo que nos ha dejado a los españoles la gestión nefasta de las cajas de ahorro. Esos medios público cuyas deudas caen en los bolsillos de los contribuyentes son los que arrulla Podemos. Los privados, esos que a duras penas salen de la crisis económica y publicitaria, son casta prescindible.