miércoles, 20 de abril de 2016

Berlanga en Cádiz

No hay paraísos fiscales buenos y paraísos fiscales malos. Que se lo pregunten a todos los de los papeles de Panamá,  del ex ministro Soria al cineasta Almodóvar.  En la Diputación y el Ayuntamiento de Cádiz no lo tienen tan claro y ayer dieron un recibimiento que en ni en Bienvenido Mr. Marshall al ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo. El político de la Roca, al contrario que en la película de Berlanga, no pasó de largo y se dejó querer porque sabía que las fotos con los políticos gaditanos es una patada en la espinilla en toda regla al Gobierno español, a quien compete en exclusiva la política exterior.
  Y no es que esta competencia recaiga en el Gobierno y no en el Ayuntamiento o la Diputación de Cádiz -que también-, sino que las autoridades de la Roca son las responsables directas y únicas de que el Peñón sea el paraíso fiscal más grande de Europa. Porque Picardo es el gobernante de la única colonia europea en pleno siglo XXI donde se hostiga día sí día también a los humildes pescadores de La Línea de la Concepción.
  Las reuniones ayer de la presidenta de la Diputación gaditana y el alcalde de la Tacita de plata con el líder de Gibraltar  -con banderitas de la Union Jack de por medio-, son más propias del guión de una nueva película de Berlanga que de un país que se quiere tomar en serio y que reclama como propio un territorio que vive, mayoritariamente, del contrabando y  como paraíso fiscal de fortunas que se escapan de obligaciones tributarias. Lo malo de esta mala comedia de los políticos gaditanos con Picardo es que amenaza con traer segundas y terceras partes.

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