martes, 30 de agosto de 2016

Un caballo eléctrico

Ocurrió hace 70 años en la España que acababa de salir de la peor guerra de su historia. En 1946, con el país manga por hombro, nacía Enasa -Empresa Nacional de Autocamiones- para empezar a parir camiones Pegaso, el caballo alado de la mitología griega. Luego vino la historia que todos conocen de una marca que es aún memoria y nostalgia de muchos españoles.
   Los Pegaso fueron incluso deportivos de ensueño -apenas 84 vehículos fabricados y denominados Z 102- que asombraron al mundo del motor de la época, codiciados por bolsillos millonarios y envidiados en las sedes de Ferrai o Porsche. La cadena artesanal de montaje de Barajas los empezó a construir en 1951 para darles carpetazo y meterlos con honor en la historia del automóvil al cesar la producción antes de cambiar de década.
   El otro misterio casi desconocido de Pegaso ocurrió en 1952 en su factoría de Barajas, a las afueras de Madrid. Hace 64 años los ingenieros de la empresa lograron fabricar todo un camión eléctrico. Era un prototipo llamado Pegaso Z 601 basado en su popular Pegaso II o Mofletes con unas baterías francesas como propulsor. El vehículo tenía 14 caballos, una velocidad máxima de apenas 30 kilómetros por hora a plena carga y una autonomía de 75 kilómetros.
   No pasó de prototipo pero queda para la historia que Pegaso logró la machada de sacar de su fábrica a mediados del siglo XX un flamante camión eléctrico. Toda una descarga de I+D+I en la España de posguerra que todavía no sabía qué era eso de un Seat 600
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