lunes, 10 de octubre de 2016

Gobernar para la gente pero sin el pueblo

La lista de trolas, mentiras, medioverdades, ficciones y sucedidos inverosímiles que logré colar a mis padres para retrasar las notas del instituto y la universidad no cabría en Google. Su número es similar al de enfermedades y problemas familiares interpretados ante los profesores para lograr aplazar un examen, sino sine die, sí hasta que al menos pudiera animarme a encender el flexo, abrir el libro y poder optar a un 5 raspado.
   El alcalde de Cádiz aplica la misma hoja de ruta cada vez que tiene que explicar la razón por la que da la espantá de la procesión del Corpus, ahueca el ala -que no Alá- del día de la patrona de la Tacita de Plata, está pero al 50% en la procesión del Nazareno o esquivar el olor a cirio de la Semana Santa y todo lo que huela a la religión católica. Que si la laicidad, que si la separación entre instituciones y la Iglesia, que si una cita rebuscada de un Papa justificando lo suyo, que si aquello, lo otro o lo de más allá, siempre que ese más allá no sea, por supuesto, cosa católica. Con lo sencillo, barato, útil y contundente que suele resultar decir la verdad, incluso en política.
   Su radar anti-capillitas y tradiciones religiosas gaditas funciona a la perfección. Sin embargo, el radar se ha demostrado inútil cuando se aproxima a celebraciones de otra confesión. Ahí tienen al alcalde de Cádiz postrado y jubiloso durante la fiesta con la que en la ciudad más antigua de Occidente se celebró el fin del Ramadán, un acto multitudinario que paraliza la capital más aún que la final del Falla o la del Carranza. No en vano, el censo de musulmanes en Cádiz habla de 50 familias frente a las posiblemente algo más que son católicas reales, forzadas o sobrevenidas.
  Hay veces que lo del viejo o todos moros o todos cristianos no se estila en la nueva política para la gente que suele olvidarse de que detrás hay también algo llamado pueblo. En el Cádiz del siglo XXI hay moros y cristianos en la costa, aunque a algunos les pueda costar reconocer a los segundos. Y aunque a todos -un 99,9% según el CIS (Centro de Investigaciones sobre Soplapolleces)-  le sople el levante si su alcalde es católico, agnóstico, ateo, sintoísta, mormón, evangelista, afiliado al Ateneo, caletero, biógrafo de Paco Alba o poseedor de la tarjeta cliente de Eutimio.


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