jueves, 10 de noviembre de 2016

Va a ser que EEUU is different

Vamos por partes: Donald Trump no es santo de mi devoción. Tampoco es que Hillary Clinton levante mi admiración. Pero el pueblo americano, ese de "We the people" de su Constitución se ha dado un nuevo baño de democracia -y de paso al resto del mundo- colocando al multimillonario de corte de pelo estrafalario en el sillón de mando del despacho oval. Y de ahí no lo sacará nadie -ni la Benemérita- como mínimo hasta 2021 si las urnas no dictan lo contrario. Algo sabrá de democracia el censo de Estados Unidos cuando ha decido mandar a Hillary a su casa y a Donald a la Blanca.
  Aquí en España, como no estuvimos en la invención de la democracia porque estábamos a otra cosa y bastante ocupados, llevamos casi 20 años desde nuestra Constitución de 1978 pretendiendo una reforma electoral. Una ley electoral de la que se quejan repetidamente aquellos partidos que no logran la mayoría para gobernar por muchos comicios que se celebren mes sí, semestre también.
  Mientras que en nuestro país nos quejamos de la ley D'Hondt que prima al apoyo que va hacia las mayorías y a la concentración del voto -normativa que beneficia a los nacionalismos vasco y catalán, Bildu y ERC incluidos- en Estados Unidos colocan de presidente al que perdió las elecciones. Sí, como suena. Porque Hillary Clinton obtuvo 233.404 papeletas más en las urnas que su rival Donald Trump. Sin embargo, el complejo sistema electoral estadounidense no entiende del voto popular sino del colegio electoral para dar con el inquilino del 1600 de la avenida de Pensylvania.
   Párese a pensar por un momento que en las elecciones legislativas españolas del 26-J se presentaran a la presidencia sólo Rajoy y Pedro Sánchez, lograse muchos más voto popular el segundo y se invistiera al líder del PP como jefe del Gobierno. Acongoja -y también lo otro- mirarse en el espejo de la fuerte y admirable democracia de Estados Unidos, ¿verdad?