miércoles, 19 de octubre de 2016

La gente de Alsasua y de la Autónoma

Van de la mano, en un bar de Alsasua apaleando guardias civiles y sus mujeres y en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Madrid boicoteando por las bravas la conferencia de un ex presidente de Gobierno. Violentos del mundo irreal y sangriento montado durante décadas por ETA en el País Vasco y Navarra y antidemócratas radicales, ocultos tras máscaras y portando banderas de los cachorros abertzales amigos de presos terroristas. Todo un escarnio en la universidad donde murió asesinado por ETA el ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente en 1996, cuando estos jóvenes radicales se movían con unos pañales que siguen aún portando para recoger las deposiciones de sus cerebros.
  Lo peor, paradójicamente, no son ni los sinvergüenzas y miserables de Alsasua ni los presuntos estudiantes de la Autónoma. Lo peor de estos episodios son todos aquellos que los justifican e incluso jalean desde la esfera política o en tertulias sosteniendo que no es para tanto y que, casi casi, se merecen lo que han vivido en ese bar navarro y en una universidad pública madrileña.
  Son quienes desde ERC -Tardà- o la vieja CiU -Homs- explican que "no era momento" adecuado para ir a la Autómoma o que tildan a Felipe González de "provocacion andante". Son los miserables que desde Podemos -Iglesias-  minimizan el escándalo universitario hablando de una "protesta estudiantil". Los equidistantes que no condenan la agresión a agentes y sus mujeres o se ponen de perfil. Quizá los cobardes de Alsasua y la Autónoma son esa manoseada gente que algunos identifican con su patria idílica. Los que venían a por la casta, mientras tanto, ejercen vestidos con sus peores tics rechazando el suplicatorio de un diputado por el Tribunal Supremo. Algo falla gravemente cuando solo los dirigentes de un determinado partido político pueden ir y montar conferencias y seminarios en las universidades públicas.

martes, 11 de octubre de 2016

Minorías ínfimas muy mayoritarias

Al Ayuntamiento de El Puerto de Santa María le bastó en septiembre la participación escuálida de 430 portuenses y por internet para decidir a qué ciudad se le rinde homenaje en la próxima edición de la Feria de Primavera. La votación no ha aparecido que se sepa desglosada por sufragios, por lo que la elección de la vecina Jerez de la Frontera pudo quizá salir vencedora con apenas unas decenas de apoyos.
   Ya puestos, en el consistorio de mi querido pueblo llevan año y medio dando la chapa con los llamados presupuestos participativos para dedicar 300.000 euros -el 0,7 de las cuentas locales de 2017- a lo que decidan los vecinos con sus propuestas. Los portuenses que se han involucrado hasta la fecha en este proyecto no caben en un taxi pero dan quizá para llenar un monovolumen.
   La iniciativa -que tiene paralizada y en vilo a media ciudad, donde no se habla de otra cosa- ha comenzado ahora a ser votada a través de asambleas con un éxito similar al de la consulta de la Feria. No en vano, el alma mater del proyecto, la concejala Matilde Roselló, ha incluso agradecido la implicación  y el nivel de participación: 172 votos en total sobre las propuestas en la primera asamblea ayer en la Zona Norte Periferia, lo que representa un aplastante 0,2% aproximadamente de los empadronados en El Puerto. La marea democrática de papeletas es ya imparable: "Las ganas  de votar y participar que tiene la gente en asuntos de interés para la ciudad -subraya Roselló-, presentando y eligiendo propuestas a través de este proceso pionero de democracia directa y participativa". Más lejos va el alcalde de la ciudad: "Estamos escribiendo la historia", ha sentenciado David de la Encina.
   La historia, de momento, de apenas 172 votos en una gran ciudad que suma 90.000 habitantes. De nuevo, el último que cierre y que apague la luz que esto no da para más. Y que alguien vaya llamando a los del Libro Guinness de los Récords del Ridículo para que envíen urgentemente observadores independientes a esta votación. Porque el recuento final  de los rimbombantes presupuestos participativos promete pasar a los anales -e incluso canales- de la Historia de la democracia moderna.
PD. Y no se lo pierda: dicen en el ayuntamiento -a pesar de la molecular participación ciudadana- que existe un "grupo motor" y "personas dinamizadoras del proceso". Quizá sean esos 172 que, de momento, han votado

lunes, 10 de octubre de 2016

Gobernar para la gente pero sin el pueblo

La lista de trolas, mentiras, medioverdades, ficciones y sucedidos inverosímiles que logré colar a mis padres para retrasar las notas del instituto y la universidad no cabría en Google. Su número es similar al de enfermedades y problemas familiares interpretados ante los profesores para lograr aplazar un examen, sino sine die, sí hasta que al menos pudiera animarme a encender el flexo, abrir el libro y poder optar a un 5 raspado.
   El alcalde de Cádiz aplica la misma hoja de ruta cada vez que tiene que explicar la razón por la que da la espantá de la procesión del Corpus, ahueca el ala -que no Alá- del día de la patrona de la Tacita de Plata, está pero al 50% en la procesión del Nazareno o esquivar el olor a cirio de la Semana Santa y todo lo que huela a la religión católica. Que si la laicidad, que si la separación entre instituciones y la Iglesia, que si una cita rebuscada de un Papa justificando lo suyo, que si aquello, lo otro o lo de más allá, siempre que ese más allá no sea, por supuesto, cosa católica. Con lo sencillo, barato, útil y contundente que suele resultar decir la verdad, incluso en política.
   Su radar anti-capillitas y tradiciones religiosas gaditas funciona a la perfección. Sin embargo, el radar se ha demostrado inútil cuando se aproxima a celebraciones de otra confesión. Ahí tienen al alcalde de Cádiz postrado y jubiloso durante la fiesta con la que en la ciudad más antigua de Occidente se celebró el fin del Ramadán, un acto multitudinario que paraliza la capital más aún que la final del Falla o la del Carranza. No en vano, el censo de musulmanes en Cádiz habla de 50 familias frente a las posiblemente algo más que son católicas reales, forzadas o sobrevenidas.
  Hay veces que lo del viejo o todos moros o todos cristianos no se estila en la nueva política para la gente que suele olvidarse de que detrás hay también algo llamado pueblo. En el Cádiz del siglo XXI hay moros y cristianos en la costa, aunque a algunos les pueda costar reconocer a los segundos. Y aunque a todos -un 99,9% según el CIS (Centro de Investigaciones sobre Soplapolleces)-  le sople el levante si su alcalde es católico, agnóstico, ateo, sintoísta, mormón, evangelista, afiliado al Ateneo, caletero, biógrafo de Paco Alba o poseedor de la tarjeta cliente de Eutimio.